Homenaje a Heade, 2018

Juan Alberto Soler-Miret

Soler-Miret, Juan Alberto

1948, Vilanova i la Geltrù, Barcelona

Homenaje a Heade, 2018

© Juan Alberto Soler-Miret, 2017

Firmado en el ángulo inferior derecho: "Soler-Miret"
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza.

Óleo sobre lienzo de lino

76 x 103 cm

CTB.2018.49

Historia de la obra

  • Adquirido al  artista, mayo 2018.

  • Colección Carmen Thyssen-Bornemisza.

2018

Natura en evolució. De van Goyen a Pissarro y Sacharoff. Col.lecció Carmen Thyssen. Espai Carmen Thyssen, Sant Feliu de Guíxols, p. 106-107 y 173-174.

  • -Natura en evolució. De van Goyen a Pissarro y Sacharoff. Col.lecció Carmen Thyssen. Espai Carmen Thyssen, Sant Feliu de Guíxols, 2018, p. 106-107 y 173-174.[Cat. Exp.]  [ Ficha de Pilar Giró].

Informe del experto

La obra de Juan Alberto Soler i Miret parte del lenguaje realista, pero en el trato que da a la imagen vence la atmósfera onírica y un tamo naif. Los elementos representantes son claramente identificables pero, a pesar de su verosimilitud, todo forma parte de una escena irreal.

En esta dualidad entre realidad y ficción, el trato que da a los elementos que componen el cuadro es muy importante. Ciertamente, su gran dominio técnico y maestría en la profesión le permiten usar un lenguaje de cariz naif que aporta la calidad de alegoría a la historia o escena pintada. En esta línea estaría también la obra Fantasía tropical (1988) que también forma parte de la Colección Carmen Thyssen.

Homenaje a Heade es un cuadro que se puede interpretar como una alegoría de Soler i Miret a los elementos que Heade utilizaba a menudo en sus obras y que pasan a ser como el leitmotiv  de su universo plástico: el exotismo, los paisajes tropicales, las palmeras, las orquídeas…

Es inevitable que venga a la memoria Henri Julien Félix Rousseau (El aduanero Rousseau) en el sentido de la fantasía por encima de la realidad,  que es lo que determina su estilo. Asimismo, también es remarcable en la obra de Soler i Miret su dominio del cromatismo, siempre vivo, exaltando la luminosidad, así como un estudio detallado de la composición.

El hecho de jugar, en este caso, con el trompe l’oeil responde a la voluntad del artista para interconectar el espectador con el paisaje representado. Tanto las orquídeas como la mariposa, que parece salir hacia el exterior del cuadro al estar en un plano intermedio entre el espectador y el paisaje, ayudan a la mirada a transmitir la sensación de hallarse in situ ante el paisaje que se ve a través de un marco que se ha convertido en ventana.

Con esta solución compositiva, en la que el marco forma parte de la obra y no se sabe si el paisaje está dentro o fuera de la ventana, también invita al surrealismo a formar parte de la lectura del cuadro.

Pilar Giró