Flores

Giorgio Morandi

Flores

Morandi, Giorgio

Bolonia, 1890 - 1964

Fiori

© Giorgio Morandi, VEGAP, Madrid, 2015

Firmado y fechado en el ángulo inferior derecho: ''Morandi/ 42''. En el reverso, la huella dactilar del artista.
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza en préstamo en el Museo Thyssen-Bornemisza.

Óleo sobre lienzo

30,5 x 26 cm

CTB.1999.37

Historia de la obra

  • Galleria La Bussola, Turín

  • M. Azzi, Milán

  • Galleria Prato, Falsetti

  • F. Fabbi, Modena

  • Christie’s, lote 658, Londres, 1 de julio de 1999

  • Colección Carmen Thyssen-Bornemisza en préstamo en el Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid

1973 - 1974

Protagonisti del XX. Secolo, Turín, Galleria Gissi, n. 42

1978

Giorgio Morandi, Ferrara, Palazzo dei Diamanti, n. 32

1984 - 1985

Giorgio Morandi, Madrid, Caja de Pensiones; Barcelona, Caixa de Pensiones, n. 33

1985

Giorgio Morandi, Marsella, Musée Cantini, n. 31

1987

Giorgio Morandi, París, Hôtel de Ville, n. 29

1988 - 1989

Morandi, Tampere, Sara Hildénin Taidemuseuo, n. 32

1989

Morandi, Leningrado, Museo Estatal del Ermitage; Moscú, Galerie des Künstlerverbandes; Londres, Accademia Italiana delle Arti, n. 29

1989

Morandi, Locarno, Pinacoteca Comunale Casa Rusca, n. 31

1989 - 1990

Morandi, Tubinga, Kunsthalle; Nordrhein-Westfalen, Kunstsammlung Nordrhein-Westfalen, n. 55

1990

Giorgio Morandi, Mostra del Centennario, Bolonia, Galleria Communale d´Arte Moderna, n. 74

1990 - 1991

Morandi, i Fiori, Siena, Magazzini del Sale di Palazzo Pubblico, n. 5

1992

Giorgio Morandi, París, Galerie Claude Bernard, n. 15

2000

Del post-impresionismo a las vanguardias. Pintura de comienzos del siglo XX en la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza, Valencia, IVAM Centre Julio González, n. 39, p. 128

2001 - 2002

Forma. El ideal clásico en el arte moderno, Madrid, Museo Thyssen-Bornemisza, n. 49, p. 205, lám. p. 141

  • Vitali, L.: Morandi, catalogo generale. Milán, 1977, vol. 1, n. 352, lám.

  • Llorens, Tomás: «El ideal clásico en el arte moderno». En Madrid 2001-2002. pp. 32-201, cit. p. 139, n. 49, lám. p. 141

  • Llorens, Tomàs: Forma: el ideal clásico en el arte moderno. [Cat. exp., 2001-2002]. Madrid, Museo Thyssen-Bornemisza, 2001

  • Colección Carmen Thyssen-Bornemisza. Arnaldo, Javier (ed.). 2 vols. Madrid, Fundación Colección Thyssen-Bornemisza, 2004, vol. 2, p. 320, lám. p. 321 [ – Ficha de Marilena Pasquali]

Informe del experto

Esta pintura, realizada durante el difícil otoño de 1942 -de aquí procede ese color impregnado de sombra, con luces tenues-, forma parte de una pequeña serie de obras en las que el artista toma como modelo un ramo de zinnias frescas para experimentar su progresivo marchitamiento.

Se sabe que Morandi prefiere servirse de flores de seda, refinado producto artesanal de la Bolonia del 700, y que después de los años de la guerra ya no pinta flores frescas precisamente debido a su naturaleza caduca, tan sujeta a los ultrajes del tiempo, mientras que él busca en el objeto de sus composiciones un «espejo inmóvil» en el que reflejar su visión interior, sus cambios de pensamiento y de estado emocional. El modelo nunca debe cambiar, precisamente porque es el artista quien cambia continuamente (y por el mismo motivo, Morandi, después de 1927-1928, ya no hará más retratos -ni siquiera a sus queridas hermanas- ni pintará figuras). 

Como en los grabados de flores realizados alrededor de 1930 (y, en particular, en los dedicados al tema de las zinnias en jarrón)1, en esta tela Morandi acepta la confrontación con el objeto de naturaleza más frágil y efímera, captándolo precisamente en aquel instante de paso de la vida plena a su progresivo y rápido declive.

Hasta hace pocos años, la obra se conservaba junto con otra de tema análogo en la misma colección italiana, y ambas han sido expuestas en pareja en diversas exposiciones organizadas por el Museo Morandi, precisamente para subrayar, en el paso de la primera a la segunda tela, el interés del artista por la caducidad del tiempo.

En la primera pintura, esta que nos ocupa, las flores son todavía frescas y el ramo forma un todo con el jarrón, determinando una composición compacta y firme. La imagen es frontal, casi como en relieve, incluso imponente en su presencia silenciosa. En la segunda, el jarrón desaparece y la mirada se concentra en el curvarse, en el marchitarse de las corolas, aquí más abiertas, descompuestas, deshechas.

En Flores, perteneciente ahora a la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza, la pincelada tensa y nerviosa mueve los pétalos como si su piel fuera acariciada por una brisa secreta que se eleva desde el fondo; un fondo decididamente morandiano en su intensidad de vibración, en su imponerse como fragmento de pintura pura, en su ofrecerse como campo de la interioridad habitada por la aparición de las flores.

Marilena Pasquali