El sueño

Baltasar Lobo

Lobo, Baltasar

Cerecinos de Campos, Zamora, 1910 - París, 1993

El sueño, 1989 (Le Rêve, 1989)

© Baltasar Lobo, VEGAP, Madrid, 2018

Firmado y numerado en la rodilla: "Lobo 3/8".
Marcada en la parte posterior de la base: "Susse Frères Paris"
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Escultura en bronce con pátina ocre y verde

24 cm de altura

DEC.1998.2

Historia de la obra

  • Christie’s, lote 95, South Kensington, Londres, 3 de julio de 1998.

  • Colección Carmen Thyssen-Bornemisza.

2022 - 2023

Made in Paris: La generación de Matisse, Lagar y Foujita. Museu Carmen Thyssen Andorra. P. 38-39, 106, 159 y 160.

  • Made in Paris: La generación de Matisse, Lagar y Foujita. Museu Carmen Thyssen Andorra. [Cat. Exp.], Ed. Fundació Museu Andorra (Museand),  Principado de Andorra, 2022, p. 38-39, 106, 159 y 160  [Ficha de  Guillermo Cervera]

Informe del experto

Debido a la situación política y social durante la Gue­rra Civil Española, muchos intelectuales y artistas com­prometidos con sus principios tuvieron que marchar de su país para poder sobrevivir y emprender una nueva vida al abrigo de otra sociedad que pudiera proporcionarles asilo, trabajo y tal vez éxito. Baltasar Lobo, por su ideología republicana y tras colaborar en diferentes revistas con sus aportaciones artísticas, fue uno de los que tuvo que abandonar su vida en España para encontrar mejor suerte en París en 1939, a pesar de que había iniciado sus estudios y sus primeras tallas en madera en Es­paña.

En la capital francesa Lobo tuvo el apoyo de Picasso (quien le ayudó a instalarse en la ciu­dad) y también, sobre todo, se acogió al amparo del escul­tor Henri Laurens, que le acogió en su taller permitiendo que el joven Lobo realizara sus propias esculturas hasta que consiguiera tener su estudio particular. La evolución artística y personal de Lobo transcurriría en París hasta eI día de su muerte.

Con la ocupación alemana de Francia, Lobo se limitó a trabajar obras de pequeño formato en yeso o terracota. Su temática favorita se focalizó en el cuerpo humano, la maternidad, la belleza, la intimidad, aunque sus cuerpos carecen de rostro, quizá a falta de modelos. Lobo realizó casi la totalidad de sus bronces en la fundición Susse de París, uno de los talleres más prestigiosos y antiguos de Europa. En los años posteriores también experimentaría con figuras zoomorfas de aves, toros, caballos. jabalís, etc.

El gusto de Lobo por la representación del cuerpo huma estaba estrechamente relacionado con la escultura clásica de Grecia, país que pudo visitar en sus años maduro: durante los cuales la temática giraría en torno a las criaturas fantásticas y los seres legendarios del mundo grecoromano.

Además de la influencia de Picasso y de Henri Laurens en la plenitud de su carrera artística Lobo desarrolló obras que recuerdan a las de Bráncusi, incluso a las de Henry Moore. Siempre manteniendo la figuración, Lobo sintetiza las formas de sus esculturas y las dota de una profunda emoción surgida de su trasfondo personal. La gran cantidad de maternidades realizadas por el artista revelan su sueño incumplido de haber concebido un hijo junto a compañera Mercedes Guillén debido al frágil estado salud de esta.

La intimidad, la desolación y las posturas contemplativas como la de El sueño de la colección Carmen Thyssen transmiten cierta sensación de solitud, quizás también por reminiscencia de los difíciles primeros años del artista. Esta escultura significa una compilación de rasgos propios del artista en cuanto a temática y a técnica. El cuerpo de la mujer es el protagonista. Sus formas son suaves,  impecablemente pulidas y patinadas para que brille la luz a se refleja en ellas. La figura está sentada sobre el suelo en actitud de recogimiento. Absorta en sueño, la cabeza de la figura posa sobre el brazo, apoyado su rodilla. Este bronce sugiere intenso carácter poético, soñador, que encierra intimidad con discreción y anhelo.

Lobo dominaba diferentes técnicas del bronce y era un perfeccionista en los acabados pulidos y la pátina aplicada. En su juventud había aprendido con maestría la talla directa, una de las técnicas más difíciles. Trabajó diferentes tipos de mármol: blanco de Carrara, rojo de Alicante,  amarillo de Siena, granito negro de Bélgica, rosa de Port gal y Milán, alabastro, ónix verde y blanco de Paros.

Pese a que su evolución profesional en la capital francesa le convirtió en uno de los prestigiosos integrantes de Escuela de París, a sus más de 70 años de edad, el escultor zamorano obtendría varios reconocimientos en su pais natal como el Premio Nacional de Artes Plásticas (1984),  el Premio de Castilla y León de las Artes (1985), y ser artista seleccionado como protagonista en la VII Bienal Escultura Ibérica (1986).

Guillermo Cervera