El Prat de Llobregat, c. 1940-1942

Josep Amat i Pagès

Amat i Pagès, Josep

1901, Barcelona - 1991, Barcelona

El Prat de Llobregat, c. 1940-1942

© Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Firmado en el ángulo inferior derecho: "Amat"
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Óleo sobre lienzo

50 x 65 cm

CTB.1996.75

Historia de la obra

  • Barcino Art, Barcelona, 30 de noviembre de 1996.

  • Colección Carmen Thyssen-Bornemisza.

1998

Josep Amat dins la col·lecció Carmen Thyssen-Bornemisza, Gerona, Museu d'Art de Girona, n. 17, p. 86, lám. p. 87.

2002 - 2003

Josep Amat dins la Col·lecció Carmen Thyssen-Bornemisza, Mataró (Barcelona), Ateneu Caixa Laietana, n. 18, p. 106, lam. p. 107.

2012

Paraísos y paisajes en la Colección Carmen Thyssen. De Brueghel a Gauguin, Málaga, Museo Carmen Thyssen Málaga, n. 45, p. 164, lám. p. 165.

2013

Sisley, Kandinsky, Hopper. Col·lecció Carmen Thyssen, Sant Feliu de Guíxols, Espai Carmen Thyssen, p. 86, lám. p. 87.

  • Josep Amat dins la col·lecció Carmen Thyssen-Bornemisza, Gerona, Museu d’Art de Girona, 1998. n. 17, p. 86, lám. p. 87. [Cat. Exp.]

  • Josep Amat dins la Col·lecció Carmen Thyssen-Bornemisza, Mataró (Barcelona), Ateneu Caixa Laietana, 2002 . n. 18, p. 106, lam. p. 107. [Cat. Exp.]

  • Paraísos y paisajes en la Colección Carmen Thyssen. De Brueghel a Gauguin. Moreno, Lourdes (ed.). [Cat. exp. Museo Carmen Thyssen-Málaga]. Málaga, Fundación Palacio Villalón, 2012, n. 45, p. 164, lám. p. 165 [Ficha de Jordi González Llàcer].

  • Sisley, Kandinsky, Hopper. Col·lecció Carmen Thyssen, Sant Feliu de Guíxols, Espai Carmen Thyssen, 2013.  p. 86, lám. p. 87. [Cat. Exp.]

Informe del experto

Pese al predominio de la temática urbana en su obra posterior a la Guerra Civil, Amat no abandonó nunca su afición al paisaje rural. Terminada la contienda, o incluso durante la misma, a menudo plantaba el caballete en los campos de la fértil llanura del delta del Llobregat, en El Prat o en Gavá, lugar de origen de sus antepasados, y donde su padre era propietario de varias fincas agrícolas. Allí pintó algunas de las obras más logradas de esta modalidad paisajística que había incorporado años atrás bajo el influjo de su maestro Joaquim Mir. El Prat de Llobreqat es un buen ejemplo de una serie de panorámicas de este enclave cercano a Barcelona, el tradicional huerto de la capital catalana, ricas tierras de aluvión que aún hoy nutren de hortalizas los mercados barceloneses.

Una somera fila de árboles en la parte izquierda introduce en ingeniosa fuga la mirada hacia el fondo, con otra línea arbórea que recorta sus copas plateadas contra las montañas lejanas del macizo del Garraf. En primer término, a la derecha, un hortelano camina medio oculto entre la hojarasca de un campo que parece de coles, si bien las vehementes y fluidas pinceladas turquesas no permiten precisar detalles. Algo más lejos, sobre la línea verde esmeralda de un barbecho, otro campesino labra tras su caballo de labor. Ambas siluetas, perfectamente integradas en su entorno natural, aparecen como aprisionadas en un tiempo inmemorial, arraigadas a una tierra a la que han dado forma a lo largo de incontables generaciones de manos callosas y sudores sin fin.

El cuadro en cuestión pertenece a uno de los períodos más felices de la longeva trayectoria artística de Amat. Poco después del fin de la guerra, había firmado un contrato en exclusiva con la Sala Parés de Barcelona, contrato que le aseguraba unos ingresos modestos pero suficientes para desenvolverse con cierta holgura en aquellos duros años de postguerra. Desde el punto de vista estilístico, el pintor entraba en una etapa de afianzamiento de una línea personal, cada vez más alejado de la influencia de Mir, a la par que enriquecido por el conocimiento de algunos pintores franceses de la órbita fauve más moderada, Marquet y Dufy, con quienes había entrado en contacto durante sus estancias en París entre 1933 y 1935. Estas nuevas influencias, junto con las de maestros impresionistas como Pissarro, Sisley y Guillaumin, y de postimpresionistas como Bonnard y Utrillo, redundaron en beneficio de una visión más moderna e independiente de su obra paisajística. Así, por ejemplo, como puede apreciarse en El Prat de Llobregat, su paleta se hace más luminosa, el color vibra con una fuerza renovada combinando amarillos intensos, verdes turquesa, malvas, azules y violetas, con un celaje a la holandesa, amplio y tratado con la misma vehemencia gráfica que el resto de los elementos de la composición. Dicha síntesis de cromatismo vivo y tratamiento caligráfico vigoroso y expresivo constituye uno de los rasgos más característicos de toda la obra de madurez de Amat, un equilibrio entre dibujo y colorido que está en la raíz del encanto y la inconfundible personalidad del pintor.

Jordi González Llàcer