Departiendo en la calle
Lagar, Celso
Ciudad Rodrigo, Salamanca, 1891 - Sevilla, 1966
Departiendo en la calle, c.1915
Firmado en el ángulo inferior derecho: "Lagar"
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza
Óleo sobre lienzo
81,5 x 65,5 cm
CTB.1996.121
Historia de la obra
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Subastas Brok, Barcelona, 18 de diciembre de 1996. lote 391.
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Colección Carmen Thyssen-Bornemisza.
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-La tradición moderna en la Colección Carmen Thyssen. Monet, Picasso, Matisse, Miró. [Cat. exp. Museo Carmen Thyssen Málaga]. Málaga, Fundación Palacio de Villalón, 2011, p. 138, lám. p. 139 [ficha de Juan Francisco Rueda].
Informe del experto
El estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914 provocaría que Celso Lagar abandonara París, ciudad a la que había llegado en 1911. En un primer momento fija su residencia en los Pirineos franceses para, con posterioridad, a partir de 1915, trasladarse a distintas poblaciones de Cataluña. Departiendo en la calle se fecha en este año de inicial presencia catalana, en el que expondría por primera vez en Barcelona en las Galeries Dalrnau, donde se pudo ver esta obra. Lagar pronto obtendría visibilidad en el escenario artístico catalán gracias a distintas muestras en los años siguientes (1916 y 1918) Y la colaboración dibujístíca en diferentes revistas, como Un enemic del Poble, dirigida por Joan Salvat Papasseit y en la que coincide con autores como Francisco Iturrino, Pablo Gargallo o Rafael Barradas.
En Departiendo en la calle, las figuras femeninas se hallan descritas con una rotunda valoración volumétrica tendente tanto a lo escultórico como al arcaísmo. Xènius (Eugenio d’Ors) señalaba en una crítica en la revista España el 5 de febrero de 1915 la cercanía de «las durezas de la escultura», en la que se inició Lagar, y la de la pintura que por aquel entonces hacía, a la que definía como una «manera de escultura». D’Ors insistía en este particular destacando una «firme y muy moderna voluntad de construcción». Esto es especialmente evidente en la figura que viste de blanco, con el contrapposto y el escorzo tan escultóricos. El arcaísmo se aprecia no solo en la descompensación del canon de los cuerpos, la falta de la relación de algunas de las partes con el todo, como el brazo de la mujer en perfil, manifiestamente sobredimensionado y adquiriendo una disposición extraña, sino que la arquitectura que sirve como marco del encuentro no se atiene alma lógica perspectivistica y de escala. No obstante, junto al arcaísmo se intuyen ciertos rasgos y citas en clave clasicista, como el mencionado escorzo o el atuendo de las campesinas que permitía al pintor realizar un tratamiento de las telas que rememora los paños mojados de la estatuaria clásica, lo que, a su vez, supone una frágil enunciación -pero enunciación al fin y al cabo- del mediterraneísmo.
Asoma en esta escena, de marcado carácter rural, un incipiente diálogo y comunión con la naturaleza, tanto como con la sencillez de la vida, que progresivamente Celso Lagar forzaría y acentuaría hasta desembocar en registros edénicos y arcádicos como en su Pastoral de 1916 (Museu Nacional d’Art de Catalunya, Barcelona) o en Composición. Desnudo (1922). El encuentro con lo primigenio, como resultado de la huida de una frenética metrópolis, se había convertido en las últimas décadas del siglo XlX y las primeras del xx en un tema recurrente para los artistas sirva como ejemplo la estancia en 1906 de Picasso en la catalana Gósol, En plena naturaleza o en poblaciones asentadas en parajes naturales, los artistas visitarían lo popular, lo primitivo y lo arcaico. Tal vez, Departiendo en la calle pueda ser producto de esa estancia pirenaica previa a la participación en la exposición en Dalmau.
Con todo lo expuesto, Celso Lagar parecía converger con algunos presupuestos o estilemas del noucentisme. No obstante, y como ilustración del nomadismo lingüístico, a partir de su regreso a Barcelona, Lagar construiría un ismo propio y personal, el planismo, cercano al vibracionismo de Barradas, y en el que haría una síntesis de cubismo y futurismo. Las obras pIanistas estarían marcadas por la fragmentación y yuxtaposición de planos con un ritmo verdaderamente dinámico, así como con la inclusión de palabras y grafías. Homenaje a Guynemer (1917, Colección particular) o Puerto de Bilbao (c. 1917-1918, Museo de Bellas Artes de Bilbao) son ejemplares de esa reformulación personal de los lenguajes vanguardistas.
Juan Francisco Rueda