Composición. Desnudo, 1922

Celso Lagar

Lagar, Celso

Ciudad Rodrigo, Salamanca, 1891 - Sevilla, 1966

Composición. Desnudo, 1922

© Celso Lagar, VEGAP, Madrid, 2016

Firmado en el ángulo inferior izquierdo: 'Lagar'.
Al dorso fechado en 1922. Titulado sobre el bastidor: "Composition NU"
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza en préstamo gratuito al Museo Carmen Thyssen Málaga

Óleo sobre lienzo

181 x 221cm

CTB.1997.43

Historia de la obra

  • Durán Subastas de Arte, lote 214, Madrid, del 15 al 19 de diciembre de 1997.

  • Colección Carmen Thyssen-Bornemisza.

1998

La pintura española del cambio de siglo en la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza, Zaragoza, Palacio de Sástago, n. 30, p. 104. - La obra aparece como: "La ofrenda de la odalisca".

2001 - 2002

Jean Cassou y sus amigos, Madrid, Centro Cultural Conde Duque, p. 99

2014 - 2015

Herederas de las Majas de Goya. Fundación Bancaja. Centro Cultural Bancaja, Valencia. Del 16 de octubre de 2014-18 de enero de 2015.

2016 - 2017

Celso Lagar. El genio mirobrigense. Palacio de los Águila, Ciudad Rodrigo. Del 25 de noviembre de 2016-5 de febrero 2017. p. 58.

  • -La pintura española del cambio de siglo en la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza. Llorens, Tomàs (comisario). [Cat. exp. Zaragoza, Palacio de Sástago]. Zaragoza, Diputación de Zaragoza, 1998, n. 30, p. 104 (como: «La ofrenda de la odalisca»). [Ficha de Narciso Alba].

  • -García García, Isabel: Celso Lagar. Madrid, Fundación Mapfre, 2010, lám. pp. 90-91.

  • -Brihuega, Jaime: «Radiografías de Julio Romero de Torres en su tetraedro. Clasicismo crepuscular. Ensimismamiento castizo. Efluvio morboso. Intuición de lo moderno». En Málaga 2013, pp. 37-63, lám. p. 51.

  • -Julio Romero de Torres. Entre el mito y la tradición. Moreno, Lourdes (ed.). [Cat. Exp.]. Málaga, Museo Carmen Thyssen Málaga, 2013.

  • -Museo Carmen Thyssen Málaga. Colección. Catálogo razonado, Fundación Palacio de Villalón, Málaga, 2014. Pág. 458-459 (Ficha Juan Francisco Rueda).

  • -Herederas de las Majas de Goya. Fundación Bancaja. Centro Cultural Bancaja, Valencia, 2014. (Cat. exp.)

  • -Celso Lagar. El genio mirobrigense. Palacio de los Águila, Ciudad Rodrigo, Salamanca,  2016, p. 58. (Cat. Exp.).

Informe del experto

Una vez concluida la Primera Guerra Mundial, Celso Lagar vuelve a París. Tras de sí deja en España una extensa nómina de exposiciones. Sin ir más lejos, en 1918 expondría en la Asociación de Artistas Vascos –donde repetiría en 1919–, en el Ateneo de Madrid y en Orense. Aun así, la recepción crítica de sus obras no fue tan afortunada, ya que autores como Juan de la Encina y José Francés valoraron negativamente su vocabulario renovador. El planismo, uno de los primeros ismos personales de un artista español, se agotaba.

El Lagar de los años veinte no sólo muda de lenguaje abandonando el planismo, sino que se abre o adentra en temáticas como la circense y la Commedia dell’Arte, habituales desde inicios del siglo XX y que en estas mismas fechas desarrollan, desde muy distintos postulados estilísticos, artistas como Picasso, Gris, Derain o Severini. Precisamente Lagar hubo de hallarse en ese viaje –vuelta, tal vez– al clasicismo que Gino Severini manifestara, secundando el retorno al orden, en su texto Del cubismo al clasicismo (1921). En cualquier caso, Composición. Desnudo vuelve a mostrarnos un tema al que se había enfrentado con anterioridad, el de la comunión con la Naturaleza, aunque en este caso en lugar de tratarse de una escena de bañistas o meramente arcádica, como su Pastoral (1916, Museu Nacional d’Art de Catalunya), resultaría ser una alegoría de la Naturaleza. De este modo, la figura que centra la composición, Venus o Afrodita, respondería en mayor medida a su simbolismo como diosa de la fecundidad y de la fertilidad que de la belleza y del amor.

EnComposición. DesnudoLagar evidencia las excelentes dotes de paisajista que la crítica del momento siempre elogió. Aunque existe sensación de profundidad gracias al paisaje marino que, como punto de fuga, centra el último plano, Lagar hace un particular uso de las escalas y refuerza lo bidimensional del espacio sugerido, maximizando la sensación de planitud o de lo plano. De este modo, cada uno de los elementos figurativos se integra en el conjunto, en el espacio, casi como un molde o plantilla, superponiéndose con una escala sobredimensionada a la del paisaje. Lagar opta por una paleta de colores limitada y sobria, así como con un tono bajo, lo que escapa de cierta componente fauve y de la vivacidad de colores que alguna vez empleó.

Lagar realiza una verdadera síntesis de géneros pictóricos en esta obra, en la que se concita el bodegón, el paisaje y el desnudo. El bodegón que porta el personaje oferente no deja de ser una suerte de tributo a las enseñanzas cézannianas. En él, todas las piezas de frutas están prácticamente reducidas a formas geométricas. Tal pureza se transmite al personaje, ya que, del mismo modo, algunas de sus partes son descritas por formas puras, manifestando esa voluntad de construcción tan escultórica que lo caracterizó y otorgando monumentalidad y cierto arcaísmo a la figura humana frente a una descripción más orgánica y lineal de los animales y especialmente de la vegetación.

Juan Francisco Rueda