Calle de Santa Anna (Blanes)

Joan Roig i Soler

Roig i Soler, Joan

1852, Barcelona, - 1909, Barcelona

Calle de Santa Anna (Blanes), c. 1892-1896

© Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Firmado en el ángulo inferior derecho: "Roig Soler"
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Óleo sobre lienzo

60 x 36,5 cm

CTB.1996.176

Historia de la obra

  • Colección Carmen Thyssen-Bornemisza.

Informe del experto

A finales de 1891, Ramon Casas y Santiago Rusiñol llegaban a Sitges y decidían convertir el lugar en objeto de sus obras. En esas mismas fechas, en cambio, Joan Roig i Soler abandonaba esta misma población con la que siempre se había sentido muy identificado, y de donde su familia era originaria y él había vivido gran parte de su vida. Será cuando decide establecerse en Blanes, población que, como Sitges, le permitió expresar su fascinación por la luz en una serie de pinturas que tenían como protagonistas su playa y sus calles. Una de estas primeras obras hecha en Blanes fue vendida en la Exposición de Amigos de las Artes de Burdeos en 1892, y fueron muchas las composiciones realizadas en la misma población que fueron vendidas en distintas salas barcelonesas entre los años 1892 y 1896.[1] Dichas obras fueron comentadas en diversos periódicos y revistas ilustradas, que alabaron la capacidad del artista a la hora de plasmar la luz. Ejemplo de ello es este apunte recogido en La Veu de Catalunya[2], en el que se hace referencia a unas pinturas que Roig i Soler presentaba en Casa Mauri, donde solía vender buena parte de sus cuadros:

Roig y Soler, artista que guarda en su paleta un tesoro de luz del más brillante color, expone poco pero bueno. En Mauri se encuentra una Calle de Centellas y unos estudios de Blanes que son de lo más característico y vibrante que el pintor ha firmado. Aquellos efectos de sol y aquella animación de color llegan a dañar los ojos, pero como son cosas de casa, uno vuelve a mirarlos con gusto.

La obra de la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza es un ejemplo significativo de su producción de esta época, que permite comprobar que Roig i Soler continuaba la línea de las investigaciones pictóricas iniciadas una década antes. El tema escogido puede considerarse uno de sus motivos predilectos, al cual dedicó un buen número de telas: la blanenca calle Santa Anna, que destacaba por la arquitectura popular de sus casas, así como por la peculiaridad de terminar en una sencilla escalinata que conducía a la iglesia parroquial de Santa María[3]. En este sentido, la composición es estrictamente simétrica y carece de todo elemento superfluo. Para ella, el pintor utiliza una solución de perspectiva a través de un cruce de diagonales, líneas que se refuerzan con las formadas por las manchas de sombra y de luz sobre el suelo, así como por los adoquines de piedra que destacan en la superficie de la vía. Aunque sirven para ayudar a definir el espacio, los personajes de esta obra se reducen a pequeños detalles compositivos, como era costumbre en el pintor.

A Roig i Soler no le interesaba describir de forma concienzuda cada uno de los elementos que completaban una composición. Su atención prefería centrarse en la creación de un todo único que le sirviera de pretexto para captar la intensidad de la luminosidad mediterránea. Demostrando su sensibilidad hacia los juegos de luz, el pintor trataba el contraste entre la intensidad del blanco de las fachadas soleadas con el ocre rosado de las sombras incidiendo sobre el pavimento. Así, a la izquierda, el primer plano dejado en la sombra logra que resalte la intensidad de la luminosidad del cielo azul estival.

En Calle de Santa Anna (Blanes), no hay información acerca del estado del cielo, que se limita a una mancha plana y azul. A diferencia de otros pintores paisajistas, Joan Roig i Soler nunca estuvo interesado en que el cielo dominara la composición; por el contrario, mostró una particular inclinación a simplificar su representación. Resulta evidente que el pintor estaba más interesado en tratar el efecto de la luz sobre el paisaje que en definir la naturaleza de la fuente lumínica. Al igual que sucedía con los pintores impresionistas, parece que las distintas versiones pintadas de la calle Santa Anna podrían tener detrás una intención quizás inconsciente, pero cierta, de realizar “series”, en las que un lugar era escogido para poner en relevancia las transformaciones provocadas por las estaciones y el tiempo.

Estos efectos muestran que el pintor era fiel a los principios impresionistas. No es extraño, pues, que estos paisajes urbanos realizados en Blanes fueran considerados como obras afines a dicha escuela. Tal es el caso de una calle presentada en la sala Parés a finales de junio de 1893, obra que fue definida como “una bonita impresión a pleno sol”[4].

Se conocen diferentes obras de tema y dimensiones semejantes al cuadro que aquí nos ocupa. En todas ellas, Roig i Soler utilizaba una factura desprendida y libre con la que traducía a pintura los más sutiles efectos de la luz y el color y con las que consiguió preservar las calidades de espontaneidad y de la luz de aquellos espacios captados directamente del natural. Joan Roig i Soler y su amigo Arcadi Mas i Fondevila, fueron los principales exponentes de la Escuela Luminista catalana, iniciada hacia 1878, abriendo con ella nuevos caminos para el arte catalán.

Isabel Coll Mirabent

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[1] Entre otras, vendió varias vistas de la calle Santa Anna de Blanes: el 24 de diciembre de 1893, una a Canals por 265 pts., y otra a Bruny por 50 pts.; en diciembre de 1894, otra por 25 pts.; en marzo de 1895, una más por 125 pts.; el 5 de julio de 1895 le vendió otra a Bruny por 50 pts. Y en abril de 1896 vendió a Rovira distintas obras, entre ellas, dos que representaban esta misma calle. Véase Lluïsa Sala Tubau i Tubert: Joan Roig i Soler. Llibreta de comptes (1881-1908). Ms. 3023. Biblioteca de Catalunya-Estudi i Transcripció. Butlletí de la Reial Acadèmia Catalana de Belles Arts de Sant Jordi. Barcelona, XV, 2001, nota 1.

[2] La Veu de Catalunya, 16 de abril de 1893. El texto original es: “En Roig i Soler, l’artista que guarda en sa paleta un tresor de llum de color del més brillant, exposa poc pero bo. A Mauri té un carrer de Centellas y unsestudis de Blanes de lo més característic i vibrant que ha firmat. Aquells efectes de sol y aquella animació de color arriben a fer mal alsulls, peròcom son coses de casa, un torna a mirar-ho de gust”.

[3] Véase Sala Tubau i Tubert 2001.

[4] La Renaixença, 28 de junio de 1893.