Barco de vela

Segundo Matilla i Marina

Matilla i Marina, Segundo

1862, Madrid - 1937, Teià

Barco de vela, s/f

© Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Firmado en el ángulo inferior izquierdo: "S. Matilla"
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Óleo sobre lienzo

58 x 38 cm

CTB.1995.94

Historia de la obra

  • Ansorena Subastas de Arte, Madrid, 30 de mayo de 1995.

  • Colección Carmen Thyssen-Bornemisza.

1997 - 1998

El paisatgisme català del naturalisme al noucentisme en la Col·lecció Carmen Thyssen-Bornemisza, Andorra, Sala d'Exposicions del Govern d'Andorra, n. 19, p. 74, lám. p. 75.

  • -El paisatgisme català; del naturalisme al noucentisme en la Col·lecció Carmen Thyssen-Bornemisza. Llorens Serra, Tomàs (ed.). [Cat. exp. Andorra, Sala d’Exposicions del Govern d’Andorra, 1997-1998]. Andorra, Ministeri de Cultura, 1997, n. 19, p. 74. [Ficha de Jaume Socias].

Informe del experto

En primer término, la playa, con agua estancada, algunos recodos y una roca grande en medio, sobre la que rompen las olas. A la derecha de la roca, un pescador de caña, visto de forma simple y con barretina roja. Una barca con vela triangular y dos marinas que pasan cerca de la orilla, hay muchas otras velas en el horizonte. El cielo, que ocupa buena parte del cuadro, está bastante nublado. Cinco gaviotas vuelan ante la barca grande.

Da la impresión de que este es un cuadro bastante antiguo dentro de la producción de Matilla, tanto por la presencia de la figura tópica del pescador como por la firma subrayada y por la propia Técnica utilizada: las pinceladas son alargadas y continuas, los colores, oscuros y aún no existen las sombras coloridas que luego iría imponiendo el impresionismo. Pero a pesar de estas características de primera época, ¡qué innata facilidad de captación del paisaje, qué técnica pictórica tan bien expresada! El primer término es todavía un poco formal, con la tradicional solución de las aguas lisas y estancadas que hacen de espejo y los colores oscuros de las piedras, pero el mar y el cielo están pintados con mucha más libertad, sobre todo la barca central y las nubes. El casco de la nave parece pintado de un solo trazo, aunque su mínimo color a contraluz nos permite adivinar el color rojizo de la borda y la raya azul que corre de proa a popa. En cuanto a la vela, es también prodigiosa la simplicidad con la que la luz y la sombra separan las partes más o menos soleadas del tejido.

Las nubes, por su parte, son otra prueba de la honradez artística de Matilla, que no buscaba engañar al espectador con romanticismos exagerados, sino captar la verdad de la naturaleza y hacerlo con el mínimo necesario de materia y de color.

Jaume Socias