Barcas en la playa

Modest Urgell i Inglada

Urgell i Inglada, Modest

1839, Barcelona - 1919, Barcelona

Barcas en la playa, s/f

© Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Firmado en el ángulo inferior derecho: "Urgell"
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Óleo sobre lienzo

100 x 181 cm

CTB.2015.33

Historia de la obra

  • Abalarte Subastas, Madrid, Lote 103, 24 de marzo de 2015

  • Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

2015

Barcelona, Paris, New York. D`Urgell a O`Keeffe. Col.lecció Carmen Thyssen. Espai Carmen Thyssen Sant Feliu de Guixols. p. 26 y 27 lám.

  • -Barcelona, Paris, New York. D`Urgell a O`Keeffe. Col.lecció Carmen Thyssen. Espai Carmen Thyssen Sant Feliu de Guixols, 2015. p. 26 y 27 Lám. Cat. Exp. [Ficha de Pilar Giró].

Informe del experto

Formado en la Escola de la Llotja, de la mano de Ramon Martí i Alsina -quien le introduce de lleno en la estética realista-, Urgell también impregna a sus cuadros del inquietante magnetismo romántico, así como de la consciencia de la fugacidad del instante que puso de relieve la Escuela de Barbizon.

Modest Urgell muestra una clara predilección por la luz del atardecer. Los escenarios de casi todas sus obras suceden en este momento de preludio u ocaso, una luz que sugiere el fin de la jornada y la esperanza del renacer de un nuevo día. Instantes suspendidos, que nos acercan al no tiempo de la eternidad. Finito e infinito se dibujan en sus horizontes pintados.

Cual poesía pintada, Barcas en la playa, óleo de formato considerable, nos abre una ventana que trenza diversas lecturas. Desde su vertiente más realista, captando instantes de esa Cataluña que pintaba en sus múltiples campañas paisajísticas, dejó constancia de una forma de vivir el mar. Desde un punto de vista romántico, pintar la luz indefinida de un atardecer que podría muy bien ser un amanecer, nos permite divagar entre el ir y venir del tiempo. Tiempo pintado en las velas del barco en primer plano, esperando terminar de ser plegadas.

Barcas en la playa se presenta como una gran vanitas: reposo tras la travesía, ahora descansan en una playa casi desierta, en la que sólo se distinguen unos pocos y minúsculos personajes. Una  cierta atmósfera impresionista impregna toda la obra, dotándola aún más de un misterio en el instante parado por la pintura y la profundidad de las sensaciones que transmite.

Pilar Giró