Barcas en el puerto, 1949

Josep Amat i Pagès

Amat i Pagès, Josep

1901, Barcelona - 1991, Barcelona

Barcas en el puerto, 1949

© Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Firmado y fechado en el ángulo inferior izquierdo: "Amat 49"
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Óleo sobre lienzo

50 x 61 cm

CTB.1997.94

Historia de la obra

  • Barcino Art, Barcelona, 1997.

  • Colección Carmen Thyssen-Bornemisza.

1951

Josep Amat, Barcelona, Sala Parés, n. 20.

1998

Josep Amat dins la col·lecció Carmen Thyssen-Bornemisza, Gerona, Museu d'Art de Girona, n. 24, p. 100, lám. p. 101.

2002

Josep Amat en la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza, Los Arcos (Navarra), Casa de Cultura Carmen Thyssen-Bornemisza; Teià (Barcelona), Casa Municipal de Cultura La Unió, n. 7, p. 32, lám. p. 33.

2002 - 2003

Josep Amat dins la Col·lecció Carmen Thyssen-Bornemisza, Mataró (Barcelona), Ateneu Caixa Laietana, n. 25, p. 120, lám. p. 121.

2005

El mar en la pintura espanyola. Col·lecció Carmen Thyssen-Bornemisza, Andorra, Sala d'Exposicions del Govern d'Andorra, p. 78, lám. p. 79

2005

El mar en la pintura española. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza, Valencia, Sala de Exposiciones del Edificio del Reloj, Puerto de Valencia, n. 33, p. 104, lám. p. 105.

  • Josep Amat dins la col·lecció Carmen Thyssen-Bornemisza, Gerona, Museu d’Art de Girona, 1998, n. 24, p. 100, lám. p. 101.

  • Josep Amat en la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza, Los Arcos (Navarra), Casa de Cultura Carmen Thyssen-Bornemisza; Teià (Barcelona), Casa Municipal de Cultura La Unió, 2002, n. 7, p. 32, lám. p. 33.

  • Josep Amat dins la Col·lecció Carmen Thyssen-Bornemisza, Mataró (Barcelona), Ateneu Caixa Laietana, 2002,  n. 25, p. 120, lám. p. 121.

  • El mar en la pintura espanyola. Col.lecció Carmen Thyssen-Bornemisza. Llorens Serra, Tomàs (ed.). [Cat. exp. Andorra, Sala d’Exposicions del Govern]. Andorra, Govern d’Andorra, 2005, p. 78. [Ficha de Jordi González Llàcer].

  • El mar en la pintura española. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza, Valencia, Sala de Exposiciones del Edificio del Reloj, Puerto de Valencia, 2005, n. 33, p. 104, lám. p. 105.

Informe del experto

Una parte sustancial de la tipología del paisaje urbano de Amat corresponde ya en este período a los temas de Sant Feliu. La selección que hacía de sus motivos dentro de este ámbito en los tiempos de la postguerra, cuando comenzó a pasar cuatro o cinco meses al año (aproximadamente entre junio y octubre) en esta población ampurdanesa, todavía arrastra la inercia de sus preferencias de épocas anteriores por el aprovechamiento de las arquitecturas como factor de cohesión de sus composiciones. Quizá por esta razón sólo los temas de marina no tienen un parentesco muy estrecho con los prototipos del paisaje ciudadano barcelonés. Únicamente la atmósfera más transparente de la villa natal de su esposa y las peculiaridades del puerto y el litoral de Sant Feliu nos permiten distinguir sus óleos pintados allí de los que realizó años atrás en la Barcelona. La diferencia principal radica en el ambiente, siempre más claro en Sant Feliu, de unos contrastes más nítidos que los de la capital catalana.

Barcas en el puerto conserva el gusto por los empastes generosos y el cromatismo intenso del período anterior. Por otro lado, en lo que atañe a la composición y al encuadre, esta obra constituye uno de los primeros ejemplares significativos de un prototipo que tuvo mucha continuidad en la producción posterior de Amat ambientada en Sant Feliu. La misma disposición paralela de los mástiles, las orillas de la playa y la línea del mar, todo ello visto en perpendicular reaparece en numerosas versiones de la misma década, así como en muchas otras telas más tardías del pintor. Tanto en lo que afecta a los cambios de atmósfera, como para las modificaciones propiamente temáticas, Amat disponía de una gran variedad de medios pictóricos y narrativos. Aquí se introduce la afición del pintor a la representación de figuritas de bañistas tratándolos, eso sí, con aquel cromatismo jugoso y lleno de gracia de sus abigarradas escenas callejeras de antes de la guerra, un tratamiento que hace que los elementos anecdóticos o descriptivos se sometan siempre a unos valores pictóricos prioritarios.

Por lo demás, la pintura de Amat de este período no añade gran cosa a la tipología de sus obras de esta modalidad de la década anterior, más allá de un afinamiento progresivo de la paleta y de una reducción también paulatina de la abundancia de materia y la densidad de los empastes que comienza a apreciarse en telas del segundo lustro de la década. Por mediación del color, dispuesto en pinceladas largas de pigmentos mezclados en el pincel más que en la paleta, Amat conseguía su peculiar fluidez de dicción, esta caligrafía excepcionalmente franca, precisa y resolutiva que hace que sus obras palpiten con una emocionante complicidad de recursos gráficos y cromáticos.

Esto es más o menos lo que, con otras palabras, escribió de él uno de los críticos del semanario Destino, Pedro Ciruelo, en un texto publicado en 1955 con motivo de una exposición de Amat en la Sala Parés: “Por esta razón, cuando nuestro pintor, llevado por su gana de pesquisa, después de exprimido todo el rendimiento en experiencias y hallazgos de una de sus etapas, va en busca no precisamente de una nueva manera de ver pero sí de una distinta modulación en su lenguaje, no se descompone en cabriolas ni nos da motivos a echar de menos su anterior fraseo, que, por otra parte, nunca repudió, antes bien lo depuró y llevó a una condensación cada vez más estricta, sin perder nada de sus cualidades, toda vez que el nuevo no era más que una lógica consecuente con todo y su diferente acentuación'” (1).

Jordi González Llàcer

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(1) Pedro Ciruelo, en Destino, Barcelona, 12 de febrero de 1955.