Bañistas
Bernard, Émile
Lille, 1868 - París, 1941
Bañistas, 1889 (Baigneuses)
Firmado y fechado en el ángulo inferior derecho: ''E. Bernard 1889''.
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza.
Ubicación: Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, Madrid.
Óleo sobre lienzo
47 x 57,2 x 0 cm
CTB.1999.115
Historia de la obra
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Christie’s, lote 166, Londres, 7 de diciembre de 1999
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Colección Carmen Thyssen-Bornemisza
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-Émile Bernard. París, La Rénovation esthétique, 1933. Les Rénovateurs, lám. 7.
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-Luthi, J. J.: Émile Bernard, catalogue raisonné de l’oeuvre peint. París, 1982, n. 208, p. 35, lám.
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-Christie, Manson & Woods: Impressionist and Post-Impressionist Art. [Cat. subasta]. Londres, 7 diciembre 1999 , p. 84, lám.
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-Del impresionismo a la vanguardia en la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza, México, DF, Museo del Palacio de Bellas Artes [Cat. Exp.], 2000, p. 90.
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-Del post-impresionismo a las vanguardias. Pintura de comienzos del siglo XX en la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza, Valencia, IVAM Centre Julio González [Cat. Exp.], 2000, n. 2, p. 30.
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-La Révolte de la couleur. De l’impressionnisme aux Avant-gardes. Chefs-d’oeuvre de la Collection Carmen Thyssen-Bornemisza, Bruselas, Musée d’Ixelles [Cat. Exp.], 2000, n. 14, p. 54.
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-Colección Carmen Thyssen-Bornemisza. Arnaldo, Javier (ed.). 2 vols. Madrid, Fundación Colección Thyssen-Bornemisza, 2004, vol. 2, p. 100, lám. p. 101 [ Ficha de Guillermo Solana]
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-Gauguin y los orígenes del simbolismo, Madrid, Museo Thyssen-Bornemisza – Sala de las Alhajas [Cat. Exp.], 2004, n. 47, p. 163.
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-La tradición moderna en la Colección Carmen Thyssen. Monet, Picasso, Matisse, Miró, Málaga, Museo Carmen Thyssen Málaga [Cat. Exp.], 2011, p. 98, lám. p. 99.
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-Fonsmark, Anne-Birgitte: Van Gogh, Gauguin, Bernard. Friction of Ideas. [Cat. exp.] Charlottenlund, Ordrupgaard, 2014 , n. 147, cit. p. 165, lám. pp. 164-165.
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-Cézanne site/non-site, Madrid, Museo Thyssen-Bornemisza [Cat. Exp.], 2014, n. 18, p. 87, lám.
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-Barcelona, París, New York. D´Urgell a O´Keeffe. Col.lecció Carmen Thyssen. Espai Carmen Thyssen, Sant Feliu de Guixols, 2015, pp. 90.[Cat. Exp.]
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-Mediterráneo. Una Arcadia reinventada. De Signac a Picasso. Museo Carmen Thyssen Málaga, 2018. Cat. 2 , p. 52 y 53. [Cat. Exp.]
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– Femina Feminae. Las Musas y La Coleccionista. De Piazzetta a Delaunay. Museu Carmen Thyssen Andorra.[Cat. Exp. Museu Carmen Thyssen Andorra], 2018. P. 28-29 y p. 76-77 [Ficha de Guillermo Solana]
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-Colección Carmen Thyssen. Museo Nacional Thyssen-Bornemisza. Ed. Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, Madrid, 2024. P. 226-227 [Ficha de Guillermo Solana]
Informe del experto
En 1887, trabajando en colaboración con su amigo Louis Anquetin, Émile Bernard forjó un estilo pictórico basado en colores planos encerrados entre gruesos contornos simplificados, un poco al modo de las populares images d’Épinal y de las estampas japonesas. Aquel estilo recibió el nombre de «cloisonnisme», por el esmalte cloisonné (alveolado o tabicado), cuya superficie se divide en compartimentos que impiden que los pigmentos se mezclen antes y durante la cocción.
El cloisonnisme de Anquetin y Bernard representaba una decidida ruptura con el Impresionismo. La visión impresionista, al acentuar los reflejos luminosos de unos cuerpos en otros y la unidad de la atmósfera común, tendía a disolver la independencia de las cosas. El cloisonnisme, por el contrario, aislaba los objetos con un contorno neto y marcado. Este aislamiento no rompía solamente con el Impresionismo, sino con toda la tradición pictórica naturalista. Suprimiendo la perspectiva, las sombras y otros indicios del espacio ilusionista, la composición se reducía a una serie de siluetas recortadas sobre un fondo de color plano. En el verano de 1888, Bernard culminó su desarrollo del estilo cloisonniste en un cuadro radicalmente innovador, Bretonas en la pradera, que a su vez inspiraría a Gauguin su propia ruptura con el impresionismo en su Visión después del sermón.
En estas Bañistas, alejadas ya de los pintorescos motivos bretones, persisten los rasgos esenciales del cloisonnisme y hasta la composición de Bretonas en la pradera, con sus abruptos cambios de escala y sus grandes cabezas en primer término. El cuadro forma parte de una serie de obras pintadas por Bernard en 1889 en relación con un mural (hoy destruido) en el que el artista trabajaba por entonces. Una de ellas se expuso en la muestra colectiva celebrada aquel año en el Café Volpini, y fue adquirida por el poeta y crítico simbolista Albert Aurier. El cuadro se inspira en las composiciones de bañistas de Cézanne que Bernard pudo ver en la tienda del père Tanguy. Todo el cuadro puede considerarse un sutil comentario sobre ciertas lecciones de Cézanne: los contornos simplificados y geometrizados, las proporciones de las figuras (cuyo alargamiento evoca también la obra de El Greco, redescubierta por entonces), la ejecución a base de pinceladas verticales paralelas que unifican la superficie del lienzo como un tapiz (Bernard admiraba la «factura constructiva» de Cézanne), así como las abundantes reservas del lienzo en blanco, cubiertas apenas en los cuerpos de las bañistas.
Guillermo Solana