Aldea gallega
Dans, María Antonia
1927, Oza dos Ríos (La Coruña) - 1988, Madrid
Aldea gallega, s/f
Firmado en el ángulo inferior derecho.
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza
Óleo sobre tablex
86 x 122 cm
CTB.2019.96
Historia de la obra
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Alcalá Subastas, Madrid, Subasta 95, 9 y 10 de octubre de 2019, lote 215.
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Colección Carmen Thyssen-Bornemisza.
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-Sarmiento Escalona, R.: María Antonia Dans. A Coruña, Ed. Diputación Provincial A Coruña, 2022. P. 208.
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– Sons. Analogías musicales en la pintura. Museu Carmen Thyssen Andorra [Cat. Exp. Com.: Giró,P.], Ed. Fundació Museu Andorra (Museand), 2024. P. 34, 35, 81, 120, 203 y 204. [Ficha de Pilar Giró]
Informe del experto
La obra de María Antonia Dans deja entrever su espíritu libre y valiente. Inicia su formación en la Escuela de Artes y Oficios de A Coruña. Tras su primer viaje a Madrid descubre allí el ambiente de vanguardia del que desea participar. En 1952 se instalará en la capital española y su marido, el periodista Celso Collazo Lema, la introduce en el ambiente artístico de la ciudad.
Su obra muestra la influencia de Benjamín Palencia y Carlos Maside, evocando una ingenuidad intencionada con la que expresa los recuerdos y las sensaciones vividas, que se recrea en los paisajes y temas populares gallegos, siempre usando un fuerte colorido. En palabras de la propia artista: pinto lo que veo, lo que he visto desde niña. Una mujer orgullosa de sus raíces, adelantada a su tiempo, capaz de asumir el reto de una modernidad y de una independencia que apenas se le permitía a una mujer en el contexto de la posguerra española.
En la nocturnidad del paisaje de Aldea Gallega sorprende la fuerza de su cromatismo, un tanto fauve, capaz de desvelar todos los sueños y agitar la calma que abraza como un manto la noche rural. Dans aviva el carácter onírico, casi irreal de la aldea, mediante la construcción de un paisaje intencionadamente naif, mostrando una aldea de cuento y de buenos recuerdos. Casas, caminos, campos … todos dibujados con el gesto expresionista del color, carentes de profundidad. Un paisaje en el que sorprende la estridencia cromática no rompa el silencio nocturno.
La fuerza de sus pinceladas y el contraste del color aplicado sobre el fondo oscuro confieren a toda la obra una sensación vibrátil increíble, como si Dans nos quisiera contar cómo es el latido de su tierra.
El lenguaje de tintes expresionistas de esta artista muestra no sólo su dominio de la composición y del color, sino su capacidad de volver visible el alma del paisaje. Dans simplifica para profundizar, elimina la anécdota de la arquitectura, de la vegetación, de lo civilizado para que el espectador pueda escuchar ante su pintura la voz primigenia de la tierra domesticada.
Pilar Giró