Pequeño parque urbano

Emili Grau i Sala

Grau i Sala, Emili

1911, Barcelona - 1975, Barcelona

Pequeño parque urbano, s/f

© Emilio Grau Sala, VEGAP, Madrid, 2018

Firmado en el ángulo inferior derecho: "Grau Sala"
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Óleo sobre tela

60 x 73 cm

CTB.1996.117

Historia de la obra

  • Subastas BROK, Barcelona, 25 de febrero de 1997. lote 438.

  • Colección Carmen Thyssen-Bornemisza.

2021

Pintar la luz. Maestros catalanes de la Colección Carmen Thyssen. Museo Carmen Thyssen Málaga. Cat. 42, p. 99.

2022

Caminos de modernidad. 1860-1980. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza. Centro Cultural Bancaja, Valencia. Fundación Bancaja. P. 126-127.

  • -Pintar la luz. Maestros catalanes de la Colección Carmen Thyssen. Museo Carmen Thyssen Málaga [Cat. Exp.], Ed. Fundación Palacio de Villalón, Málaga, 2021. Cat. 42, p. 99.

  • -Caminos de modernidad. 1860-1980. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza. Centro Cultural Bancaja, Valencia [Cat. Exp. Comisariado: Moreno Molina, L.; Beltrán Alandete, M.]. Fundación Bancaja, Valencia, 2022. P. 126-127.

Informe del experto

Los paisajes urbanos también fueron objeto de interés plástico para Grau Sala. Arraigado plenamente en París, pintó plazas, calles, bulevares y jardines reflejando su singular personalidad. La rue Saint-Jacques, los boulevards Raspail y Montparnasse, los Champs Elysees de la capital francesa o, fuera de ella, la Promenade des Anglais de Niza o el Port d’Honfleur, fueron algunos de los parajes más distintivos recreados en los lienzos del pintor durante los años cuarenta y cincuenta. Los jardines, sin embargo, captaron en especial su atención, prueba de ello son las vistas que realizó de los Jardins du Luxembourg, Montmartre o las Tuileries parisienses. Esta cotidiana temática se repite en Pequeño parque urbano. En este caso, se trata de un recinto anónimo de dimensión no muy extensa y con abundante boscaje cercano, probablemente, a su residencia. El arbolado cubre prácticamente la totalidad del lienzo y el juego de claroscuros producido por el efecto lumínico del sol a través de las ramas dota la composición de una rica cadencia cromática.

El contraste visual es precisamente el aspecto que más destaca de la obra, reflejando una placidez y frescura palpables a la vista y casi al olfato por su naturalidad. La aparente sencillez del argumento no resta dificultad técnica a su factura, ni oculta una poética sensibilidad fruto, quizás, de las sensaciones experimentadas por el pintor durante sus paseos por Fontainebleau. En cuanto a la estructura compositiva, una verja ornamentada que parece proteger el acceso a un estanque, rige la perspectiva que ordena el espacio y dispone la escena de forma harmónica. La presencia de unas casi imperceptibles figuras aportan el movimiento propio de la vida diaria del lugar: niños jugando y mujeres atentas a su entretenimiento o al paseo. En otras ocasiones el pintor se servirá de tiovivos, vendedoras de flores o cafés al aire libre para proporcionar la correspondiente dosis de anécdota. En relación a los paisajes transformados por el hombre Grau Sala manifestaba: “Poco importa que, a menudo, el hombre los haya afeado o embellecido, si ha dejado en ellos huella poética”[1].

Alberto del Castillo se refería a la producción paisajística presentada por el pintor en Barcelona a finales de los años cincuenta, en los siguientes términos: “apacibles paisajes, invadidos por un igual de una atmósfera de felicidad y bienestar. Fragancia de florido jardín que acaricia levemente los sentidos”[2]. En cuanto al aspecto técnico, es Joan Cortés quién acierta en otro artículo al referirse a “sus trazos fugados, sus pinceladas ligeras y su deliberada enemistad contra la pesadez”[3]. Pero quizás son las palabras de Francisco J. León Tello en el artículo dedicado a una exposición de homenaje organizada tras la muerte del artista, las que resultan más sorprendentes por su idoneidad. Además de destacar la evidente influencia francesa de su obra, incide en” la composición original de las masas vegetales en jardines de amplias perspectivas que permiten concretar las brillantes vivencias de color. Amarillos, verdes –uno de los colores preferidos del pintor- y azules que se configuran en bellas y empastadas combinaciones que con la luz cristaliza en armonías de elegante textura y precisa calidad pictórica”[4]. Poco más puede añadirse a tales testimonios artísticos, sin duda muy acordes a la impresión que proyecta este pequeño, discreto y delicado parque urbano.

Lluïsa Sala Tubert

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[1] Sempronio. “El món meravellós d’en Grau Sala” en Tele-estel, núm.125, 6 de diciembre de 1968, p.18-19.

[2] Castillo, Alberto del. “Crónica de Barcelona” en Goya, 1959, p. 257.

[3] Cortés, J. Destino, 20 de noviembre de 1954, p.35.

[4] León Tello, F.C. “Exposiciones en Madrid” en Goya, 1975, p.257.