Mujer agachada
Hugué (Martínez i Hugué), Manuel
1872, Barcelona - 1945, Caldas de Montbui
Mujer agachada, 1909
Firmado en la base:"MANOLO"
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza
Piedra
10 x 12 cm
CTB.EDEC10.2
Historia de la obra
-
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza.
Informe del experto
El primer ejemplar de esta escultura fue realizado durante la estancia de Manolo Martínez Hugué, más conocido como Manolo, en París entre 1901 y 1910. Allí frecuentó el círculo de Picasso, fue testigo del suicidio de Casagemas, conoció el arte del pasado en sus visitas a los museos (Louvre, Cluny y Guimet) y, sobre todo, vivió la etapa de mayor bohemia y picaresca: “La bohemia de fin de siglo”, escribía F. Olivier en Picasso et ses Amis, “revive al evocar Manolo, el artista, el bromista, el diletante, el vagabundo, el inconstante, el inquietante, el prestidigitador.” De esta etapa parisina prima la influencia del bagaje cultural y artístico recibido, y se le conoce poca obra. Como relata André Salmon, en París conoció a una bella camarera del barrio de la Sorbona, Jeanne de Rochette, más conocida por el apelativo familiar de Totote, mujer de gran personalidad que se convirtó en su compañera inseparable y, también, en su eventual modelo.
Justamente, esta escultura representa a Totote agachada y replegada en sí misma, con un gesto de encogimiento y con un deje de melancolía afín a las obras de sus homólogos Paco Durrio, Gauguin, de los simbolistas de Pont Aven e incluso de sus amigos Picasso o Nonell, así como también a las primeras esculturas de raíz modernista de Julio González. La revista L’Amour de l’Art reproducía, en 1929, este ejemplar en bronce y otra versión de Totote desnuda. Según el conocido crítico de escultura A.H. Martine, estas obras de juventud (que calificaba de bibelots) denotaban la influencia del arte decorativo de la época y, muy especiamente, la huella de Rodin. Pero a diferencia de sus coetáneos Josep Clarà y Pablo Gargallo, escultores que se dejaron seducir en sus inicios por la estela creativa del gigante de la escultura francesa moderna, a nuestro modo de ver Manolo revela su particular visión estética, modelada a la luz de los diferentes acontecimientos vitales y, muy especialmente, de una fuerte personalidad artística. En cierta manera, la trayectoria de Manolo es monolítica y menos sísmica que la de su amigo Picasso, “el coleccionista de experimentos” que cambiará las leyes del arte.
Así pues Mujer agachada permite intuir algunas claves de su obra. Se trata de una figura de poco menos de 10 cm que, al margen de sus concomitancias con las joyas que realizaba para la casa Arnould de París, anticipa la escala íntima de sus esculturas; una escala que vendrá condicionada por su constitución física y sus futuras manos enfermizas, aquejadas de artritis. Igualmente, esta pieza es un buen ejemplo de la valoración por parte de Manolo de los materiales más humildes como el barro, y de su apreciación del arte del pasado (tanagras); al tiempo que constituye un leitmotiv que desarrollará a lo largo de su trayectoria, especialmente en los años de Ceret, donde su escultura se comprometerá con un canon mediterraneista próximo a los valores formales y estéticos de Arístides Maillol y en el que este tema alcanzará una mayor potencia poética.
Mariàngels Fondevila Guinart