Retrato de Antonio Rocamora

Ramón Casas i Carbó

Casas i Carbó, Ramón

Barcelona, 1866 - Barcelona, 1932

Retrato de Antonio Rocamora, c. 1913-1917

© Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Firmado y fechado en el ángulo inferior derecho: "R. Casas 1917"
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Carboncillo sobre papel

59 x 45 cm

CTB.1994.55

Historia de la obra

  • Subastas BROK, Barcelona, 29 de junio de 1994. lote 370.

  • Colección Carmen Thyssen-Bornemisza.

Informe del experto

Ramón Casas destacó a lo largo de toda su carrera artística: gran pintor y extraordinario dibujante, está considerado un artista de dotes excepcionales y aguda personalidad, y asimismo recibió el reconocimiento de sus coetáneos.

Dibujó una gran cantidad de retratos de las más significativas personalidades de la literatura, la política, la ciencia, las artes y la industria de su época. Y también dedicó parte de su tiempo a los retratos familiares, entre los que se encuentra la obra que aquí se trata.

El retrato que aquí se estudia refleja a Antonio Rocamora Vidal, hijo de Marcos Rocamora i Pujolà, un rico industrial catalán que poseía, entre otros negocios, la fábrica Rocamora & Cía. En 1913, Antonio Rocamora Vidal contrajo matrimonio con una sobrina de Ramon Casas: María Catalina Nieto era hija de Eduardo J. Nieto Algora y de Montserrat Casas Carbó, hermana de Ramón Casas. A partir de1916, la sobrina del pintor ostentó el título de V Marquesa de Villamizar.[1]

Como regalo de boda a sus sobrinos Antonio y Catalina, Ramón Casas les pintó sendos retratos, pensados para colgarse uno junto al otro. En el retrato masculino, al contrario que en el de su sobrina, más interesado en los efectos de luz y sombra, la estructura de la cabeza del modelo aparece tratada con firmeza y las líneas de contorno se diseñan con claridad. El rostro, entre receloso y seguro de sí mismo; los ojos, grandes, con leves ojeras y enmarcados por unas cejas arqueadas; la boca, fina y bien dibujada. Las facciones de este óleo son las mismas que se reproducen en el dibujo que aquí se trata. Por ello, parece evidente que una de estas composiciones deriva de la otra. No hay más que comparar ambas miradas, de un gran vigor, y a cuya expresión contribuye el rictus de las cejas y el leve escorzo de la cabeza. El rostro ha sido finamente trazado con pasadas suavísimas, un modelado apenas perceptible y unos reflejos lumínicos muy fundidos con la calidad táctil, que también se encuentran en el cabello. El resultado es una obra de gran fuerza psicológica y de sensación realista, voluntad a la que contribuye el toque de color en los labios.[2]

Podría aventurarse que el dibujo fuese ejecutado como estudio preparatorio para el retrato al óleo. El problema es que el dibujo lleva la fecha de 1917, mientras que el óleo es de 1913.[3] Quizás el dibujo fue realizado en 1913 pero el artista no lo fechó hasta años más tarde, cuando regalara el dibujo a su sobrino. O tal vez el retrato al óleo de Antonio Rocamora se realizó en realidad en 1917, no en 1913, pero se firmó y dató con la fecha del año en que tuvo lugar la boda.

Hay que tener en cuenta que en el dibujo de Antonio Rocamora toda la importancia reside en el rostro del retratado, a diferencia de otros retratos anteriores, que incluían el busto como solución del artista para acentuar la fisonomía y la expresión. En cambio, en este dibujo hace un completo estudio del rostro. La ínfima atención concedida al busto, realizado con líneas de extrema simplicidad que ni siquiera reflejan un volumen firme, tiene como resultado una realidad desproporcionada en relación a la cabeza y el rostro. Esta particularidad nos hace inclinarnos a suponer que el dibujo de Antonio Rocamora fue anterior al óleo, consistía únicamente en un estudio de la testa, y realizado como preparación para la pintura.

De todos modos, sea cierta una u otra hipótesis, hay que señalar que en el dibujo Antonio Rocamora sobresale por sus calidades expresivas, así como por el sentimiento rotundo de la forma, del volumen y del elemento lineal.

El matrimonio Rocamora-Nieto tuvo dos hijos, Eduardo y Ángeles, y los sobrinos del pintor, quisieron que Ángeles tuviera como padrino precisamente a Ramón Casas, su tío-abuelo. El prestigioso pintor, fallecido en 1932, dejó a su hermana Elisa Casas sus bienes y derechos radicados en Sant Benet de Bages. Su otra hermana, Montserrat Casas, había fallecido en 1922, y su hija Catalina, que apenas la sobrevivió un año, había muerto el 22 de enero de 1924 tras una larga enfermedad. Por tanto fue su ahijada y sobrina-nieta Ángeles su otra heredera: a ella le dejó los bienes radicados en la villa de Sitges[4], consistente en una casa con todos sus enseres. En 1921, Charles Deering le había cedido a Ramón Casas la finca, que pertenecía al conjunto arquitectónico de Maricel, propiedad de este magnate americano.

Isabel Coll Mirabent

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[1] En 1916, Catalina Nieto Casas rehabilitó el título de Marquesa de Villamizar. En 1918, en la página 5 de La Vanguardia de 25 de julio de 1918, apareció la siguiente noticia: “Ha sido expedida real carta de concesión del título del marqués de Villamizar a favor de D. Antonio Rocamora”.

[2] Isabel Coll Mirabent: Ramon Casas. Una vida dedicada a l’Art, Barcelona, El Centaure Groc, 1999; e Isabel Coll Mirabent: Ramon Casas, Catálogo Razonado, Murcia, De la Cierva, 2002, n.º 542, p. 396.

[3] Retrato de Antonio Rocamora, óleo sobre lienzo, 92 x 73 cm (Colección privada); firmado y fechado en el ángulo inferior derecho: “R. Casas 913”.

[4] “Lego a mi ahijada Doña Angeles Rocamora y Nieto, hija de mi difunta sobrina Catalina Nieto y Casas, Marquesa de Villamizar, todos los bienes radicados en la villa de Sitges” (Testamento ante notario Melchor Canal y Soler, Barcelona, 28 de enero de 1929).