El loro
Graner i Arrufí, Lluís
1863, Barcelona - 1929, Barcelona
El loro, 1924
Firmado y fechado en el ángulo inferior izquierdo: "L. Graner / 1924".
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza
Óleo sobre lienzo
65,5 x 98,5 cm
CTB.2000.48
Historia de la obra
-
Sotheby’s, Londres, 22 de junio de 2000. lote 16.
-
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza.
Informe del experto
Enric Galwey, compañero de Graner en su juventud, escribió en sus memorias sobre sus últimos encuentros con el pintor barcelonés: “Después de unos quince años de emigración nos encontramos un día en la Sala Parés, ya [propiedad de] Maragall. Lo que más me sorprendió es que se me tiró al cuello, y llorando, me besó; y así cada vez que me veía. Y lo hacía con todo el mundo. Todos nos convencimos que aquella actitud no era normal, y que aquella cabeza no estaba sana; y efectivamente, nos dio pruebas a medida que pasó el tiempo. Ya no se acordaba de nada: una afección medular le convirtió en un bendito, llorando siempre que veía a un amigo”[1].
Durante su estancia americana entre 1910 y 1928, Graner se vio continuamente forzado a buscar nuevos mercados para su obra. Tras su exitoso desembarco en Nueva York en 1910, su pintura empezó a perder actualidad. Ello le movió a buscar suerte en ciudades como Nueva Orleans, donde fijó su residencia en 1914. En la ciudad de Louisiana, Graner expuso con éxito en 1915 y pronto contó con el apoyo del Delgado Museum y de una amplia clientela de coleccionistas. Sin embargo, entre 1919 y 1922 marchó a California, Brasil, Chile, Argentina, etc., siempre en búsqueda de nuevos compradores.
En 1922 –todavía residente en Nueva Orleans–, Graner pintó varios paneles decorativos para la residencia de Mrs. Eleanor M. Ford junto al río Hudson, cerca de Nueva York[2]. Quizá ello le impulsó a establecerse en Manhattan en la primavera del año siguiente. Ahora bien, los encargos de antaño empezaron a faltar y, sin su principal fuente de ingresos, Graner vio pronto mermada su salud.
Las noticias sobre las dificultades económicas que por entonces atravesaba el pintor llegaron incluso a Barcelona, en cuya prensa se pudo leer: “Los periódicos dicen que el notable pintor español Graner, cuyos cuadros se hallan en numerosos museos de Europa y América se halla completamente falto de recursos y enfermo, en Nueva York”[3]. Aquellas informaciones no dejaron indiferente a la intelectualidad barcelonesa. Adriá Gual, antiguo colaborador del pintor catalán en sus iniciativas teatrales, inició una colecta para ayudarle. Con el auxilio de Cercle Artistic de Sant Lluc, consiguió reunir el dinero suficiente para enviarle de vuelta a Barcelona[4].
La obra que nos ocupa, fechada en 1924, pertenece a aquellos difíciles años de Graner en los Estados Unidos. Entre los motivos principales de su pintura por entonces destacan las vistas nocturnas de puertos y ríos, los bodegones y las pinturas de papagayos. Estos últimos aparecen casi siempre solos, aunque en un lienzo de 1924 un loro se encarama sobre un desnudo femenino recostado, a la manera del clásico tema de Leda y el Cisne.En El loro, Graner combina sus característicos fondos sombríos con fuertes destellos de color en el plumaje del ave y en el vaso de flores. La composición –como es frecuente en el artista– se organiza a base de diagonales, y la factura es vibrante y nerviosa. Todos estos rasgos evidencian como al final de su vida, en los momentos más difíciles de su carrera, Graner retornó a las raíces de su obra.
Juan Ángel López-Manzanares
————————————-
[1] Enric Galwey: El que he vist a Can Parés en els darrers quaranta anys. Barcelona, Sala Parés, 1934, p. 67.
[2] I. M. C.: “New Orleans”, American Art News, vol. XX, n.º 21, 4-III-1922, p. 7.
[3] La Vanguardia, Barcelona, año XLIII, n.º 18.711, 8-II-1924, p. 18.
[4] Enric Jardí: Lluís Graner Arrufí (1863-1929). [cat. exp.]. Barcelona, Galería Francesc Caixach, 1982, s. p.