Fiesta en el Puente de Toledo
Hohenleiter Castro, Francisco
Cádiz, 1889 - Sevilla, 1968
Fiesta en el Puente de Toledo, 1951
Firmado y fechado en el ángulo inferior derecho: ''Hohenleiter mcmli''
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza
Óleo sobre lienzo
80 x 100 cm
CTB.2003.6
Historia de la obra
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Durán. Subastas de Arte, lote 226, Madrid, 28 de mayo de 2003.
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Colección Carmen Thyssen-Bornemisza.
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-Pintura Andaluza en la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza. García Felguera, María de los Santos; Muñoz, Valme y Díez, José Luis. [Cat. exp. Museo Thyssen-Bornemisza]. Madrid, Fundación Colección Thyssen-Bornemisza, 2004, n. 62, p. 178. [Ficha de Esteban Casado].
Informe del experto
En la presente obra hay una buscada concordancia entre el castizo barroco madrileño del marco arquitectónico y la escena trasladada a la época goyesca de majas y chisperos. Y es que lo que parece reproducirse aquí, en este asunto al aire libre, es el ritual de un paseo donde la actitud anecdótica la ponen los tres personajes principales situados en fuga sobre el pretil del puente: el de primer término bebiendo con fruición de la bota, el que en el centro y de rojiza nariz gesticula con el brazo y el sombrero, dando evidentes signos de enfado ante la duración del trago, y el de la bella muchacha que asomada contempla divertida y risueña el episodio. La penetración en ángulo de la calzada del puente justifica que todas las figuras, pese a las distancias entre ellas, se inscriban dentro de una banda o franja horizontal a la que se oponen, en ambos laterales, las masas verticales de los edículos que el gran arquitecto Pedro de Ribera ideara en 1719 para la ubicación de las estatuas de Ron. Y estos dos mismos elementos verticales sirven para enmarcar la ya tópica cornisa goyesca de Madrid con los referentes del Palacio Real y San Francisco el Grande, lo que se justifica por la proximidad del puente de Toledo a la popular pradera de San Isidro desde la que Goya inmortalizó dicha vista.
El ornamental celaje de rizadas nubes y tonos violáceos impregna de perspectiva y calidades aéreas todo ese perfil de fondo, con lo que la mitad superior del cuadro contrasta por su luminosidad con la parte baja y los referidos templetes, de fuertes contrastes de luz. El marcado carácter decorativo similar al de los cartones para tapices -y justificable en un artista que en efecto hizo pintura decorativa de tipo mural- explica la brillantez de colorido, generalmente en suntuosas gamas frías para las texturas de sedas, velos y demás tejidos. Y desde luego, la inmediatez y frescura de tipos y calidades es conseguida gracias a la valentía de pincel. En suma, el resultado termina siendo una contribución más a esa figuración grata y amable que caracteriza a la pintura de tales años cincuenta y primeros sesenta.
Por lo que se refiere al asunto, es una temática frecuente en el pintor tal como también lo justifica ese Paisaje con majos y manolas que reproduce Valdivieso, quien además le anota como virtudes una admirable elegancia en el dibujo y recursos de fácil colorista. En el apartado de su producción -dentro de la pintura de caballete- referente a escenas costumbristas de majas, guitarristas, bailaores, toreros, garrochistas y bandoleros, se ha recogido asimismo su cultivo de un tardío goyismo con técnica luminista y abocetada, en una recreación casticista y literaria de una época histórica recuperada en cuplés y folletines. Aunque en este caso sea localización madrileña, no sobra decir que la producción de Hohenleiter es sobre todo sevillana (en cuya capital residía desde 1918 y a cuya Semana Santa dedicó abundantes temas) y de su Cádiz natal, de la misma manera que tampoco sobra añadir que esa vertiente decorativista se apoyaba también en su producción de cartelista.
Esteban Casado