Quinta en los alrededores de Madrid

Manuel Ramos Artal

Ramos Artal, Manuel

Madrid, 1855 - c. 1916

Quinta en los alrededores de Madrid, s/f

© Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Firmado en el ángulo inferior izquierdo: "Ramos Artal"
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Óleo sobre lienzo

43 x 65 cm

CTB.1997.102

Historia de la obra

  • Subastas Finarte, Subasta: Pintura española del siglo XIX, lote 3, Madrid, 5 de septiembre de 1997.

  • Colección Carmen Thyssen-Bornemisza.

2017

Un món ideal: De Van Gogh a Gauguin i Vasarely. Col.lecció Carmen Thyssen. Espai Carmen Thyssen, Sant Feliu de Guíxols. p. 90, 91, 154 y 182.

  • -Un món ideal: De Van Gogh a Gauguin i Vasarely. Col.lecció Carmen Thyssen. Espai Carmen Thyssen, Sant Feliu de Guíxols, 2017. p. 90, 91, 154 y 182 [Ficha de Carlos G. Navarro]. (Cat. Exp.)

Informe del experto

La dilatada producción de Ramos Artal como paisajista se caracterizó fundamentalmente por la “honrada discreción”(1)  con la que supo describir los alrededores de Madrid y Toledo, notablemente influido por el arte tardío de quien fuera su maestro, Carlos de Haes (1826-1898). Así, en esta modesta pintura de la colección Carmen Thyssen-Bornemisza el pintor retrata con sinceridad una vista de Madrid recortada entre la arboleda que recorre un camino, junto a las tapias de una Quinta del Sur de la ciudad. Aunque el artista pintaba sobre todo los parajes de la Casa de Campo, no deja de ser significativo que eligiera para este lienzo un entorno distinto, que también era frecuentado por otros condiscípulos suyos de las clases de su maestro. En efecto, las vistas de Madrid desde las huertas del Luche -arroyo que daría nombre en el futuro a uno de los más populares barrios de la ciudad-, centraron algunos de los mejores ejemplos de varios de los discípulos de Haes. De hecho, el malogrado José Giménez Fernández (1846-1873) fue premiado en la Exposición Nacional de 1876 por un cuadro que representa precisamente ese mismo emplazamiento y que hoy guarda el Prado (2). Pero los alrededores del Luche interesaron incluso a otros pintores no especialmente próximos a la influencia del pintor de origen belga, como el también madrileño Eduardo Rosales (1836-1873), dado lo pintoresco y característico de su perfil urbano, que guardaba para los madrileños además claras connotaciones de ocio y de retiro dominical.

La ubicación de varios personajes en la umbría del camino -una mujer sentada al borde de la vía con una sombrilla, una niña pequeña acompañada de otras dos jovencitas explorando las frondas-, concede a esta representación un carácter íntimo y casi familiar, que lo separa sustancialmente del resto de la producción del pintor madrileño, en la que es muy difícil detectar la presencia de la figura humana. Además, no es común encontrar tampoco en su producción más comercial de pequeño o de mediano formato el gusto tan cuidadoso por efectos atmosféricos complicados, como el de las sombras de la arboleda, o el juego de luz intensa que puede apreciarse en el lecho de tierra del camino y que resalta los contornos de algunos troncos, que reservaba para los lienzos con que se presentaba a los concursos nacionales, en ocasiones de dimensiones casi monumentales.

Además, frente a las gamas predominantes de pardos que suelen ser característicos de sus apuntes y pequeños cuadros de paisajes, todos siempre de mucha mayor sencillez compositiva, elige aquí tonos verdes aplicados con pinceladas densas y jugosas, recortados sobre un cielo luminoso que ha perdido su habitual protagonismo y que convierten a esta pintura en una obra singular dentro de la producción de Ramos Artal.

Carlos G. Navarro

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(1) José Luis Díez, “Los discípulos de Haes y su repercusión pública. Las huellas del maestro” en Díez, J. L. (dir.) Carlos de Haes (1826-1898), (cat. exp.), Santander, 2002, p. 176.

(2)  José Luis Díez, en Alfonso E. Pérez Sánchez (dir.), Madrid pintado. La imagen de Madrid a través de la pintura. (cat. exp.), Madrid, 1992, cat. nº 87, pp. 220-221.