Plaza de Cataluña, 1964

Ramon Barnadas i Fàbregas

Barnadas i Fàbregas, Ramon

1909, Olot, Gerona - 1981, Vic

Plaza de Cataluña, 1964

© Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Firmado y fechado en el ángulo inferior derecho" Barnadas / 64"
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Óleo sobre tela

73 x 60 cm

CTB.1989.38

Historia de la obra

  • Subastas BROK, Barcelona, 14 de marzo de 1989. lote 587.

  • Colección Carmen Thyssen-Bornemisza.

2017 - 2018

Escenarios. De Monet a Estes. De Trouville a Nueva York. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza. Museu Carmen Thyssen Andorra,16 de marzo 2017-14 de enero 2018. p. 62-63.

  • -Escenarios. De Monet a Estes. De Trouville a Nueva York. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza. Museu Carmen Thyssen Andorra, 2017, p. 62-63. (Cat. Exp.) [Ficha de Pilar Giró]

Informe del experto

Llenar de luz y de libertad el lienzo, sin olvidar el trazo de la tradición, sin dejarse seducir por contextos teóricos ni inspiraciones que llenar con palabras vanas, es el recorrido que Barnadas da a su obra pictórica. Le tocó vivir una época difícil, en la que era complicado sentirse libre en un espacio culturalmente restringido, pero aun así su pintura trazaba equilibrios entre tradición y modernidad, siendo una ventana abierta en la que mostrar el color como alma del mundo.
El estilo de Barnadas, más allá de lecciones aprendidas de realismo e impresionismo, pasará a formar parte de la vanguardia evolucionista de Cataluña. Fue capaz de encontrar su propio lenguaje, tomando siempre los temas como excusa para liberar al color del corsé de la formas y mostrarlo en su plenitud, consiguiendo que éste palpite como la luz, intenso en su movimiento de aparente quietud. De este modo era capaz de desnudar, de desvelar todo lo más íntimo que su mirada capturaba.
A lo largo de su producción, en una primera aproximación, parece esbozar convencionalismos absolutos. Tal vez ello invita a pensar al espectador que la visita al lienzo será un paseo sencillo, pero la profunda sensibilidad del artista es capaz de transformar cualquier temática en pura emoción, en sentimiento. Esta es una de las grandezas de la pintura de Barnadas, lograr traspasar la piel de los objetos, de las personas, del paisaje,… para dejarnos sobre el lienzo toda la fuerza y la magia de la luz.
La obra que nos ocupa, Plaza de Cataluña 1964, es un ejemplo perfecto para analizar la libertad del trazo del artista, su capacidad de jugar con la luz a través del color y expresar, como apuntaba Arcadi Calzada, “lo cotidiano, las actitudes sencillas, sin afectación, los instantes vividos por un colectivo, el movimiento, la lectura, el color y la forma que, en su inmediatez, se transforman en una atmosfera líquida.” (1)
Pinta a los personajes sin rostro, absortos en sus lecturas, en sus conversaciones, observados en su cotidianidad, pero sobretodo sin perturbarla. La composición no sólo permite, sino que propone al espectador pasear por la plaza, cruzar el espacio urbano representado en el cuadro, sin temor, seguro que sus pasos serán sigilosos y sin que nadie se percate de su presencia. Al final del recorrido la atmósfera diluida, casi líquida, y el telón casi abstracto de las fachadas de los edificios que enmarcan la plaza lo engullirán. Aunque si lo desea puede reiniciar el paseo tantas veces como le apetezca, dejándose seducir por unas pinceladas increíblemente libres, que dibujan con el color, liberando al mundo de las líneas creadas para ordenar y encorsetar conceptos, creadas para encerrar significados.
La obra de Barnadas saca a la luz, mediante su sensibilidad plástica, la poesía encerrada de la vida oculta y callada del mundo de las apariencias. Su trazo suelto, limpio, roza la abstracción en la representación minimalista, libre de anécdota, ante cualquier temática. Solo composición, trazo y color serán los pilares de su pintura, el código de su lenguaje para transformar y regalar a la mirada un mundo amable y repleto de vigor, un mundo en el que la esperanza nunca se apague, un mundo de luz perenne, incluso en la noche.
Barnadas crea y destruye desde el color, nunca se dejó seducir por convencionalismos, sabía que aquello que prevalecía era el hecho pictórico y no el contexto, por ello en toda su obra siempre trasciende su necesidad de sentirse libre.
Pilar Giró

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(1) Ramon Barnadas, Fundació Caixa de Girona, Girona, 2006, p.5.