Playa de la Franca, 1913

Juan Martínez Abades

Martínez Abades, Juan

Gijón, 1862 - Madrid, 1920

Playa de la Franca, 1913

© Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Firmado y fechado en el ángulo inferior izquierdo: ' Playa de la Franca / J. Martínez Abades. 1913 '
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Óleo sobre lienzo

81 x 120 cm

CTB.1996.132

Historia de la obra

  • Fernando Durán Subastas, Madrid, 16 de diciembre de 1996. lote, 329.

  • Colección Carmen Thyssen-Bornemisza.

2005

El mar en la pintura espanyola. Col•lecció Carmen Thyssen-Bornemisza, Andorra, Sala d'Exposicions del Govern d'Andorra, p. 38, lám. p. 39.

2005

El mar en la pintura española. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza, Valencia, Sala de Exposiciones del Edificio del Reloj, Puerto de Valencia, n. 10, p. 52, lám. p. 53.

2012

Paraísos y paisajes en la Colección Carmen Thyssen. De Brueghel a Gauguin, Málaga, Museo Carmen Thyssen Málaga, n. 27, p. 120, lám. p. 121.

  • -El mar en la pintura espanyola. Col·lecció Carmen Thyssen-Bornemisza. Llorens Serra, Tomàs (ed.). [Cat. exp. Andorra, Sala d’Exposicions del Govern]. Andorra, Govern d’Andorra, 2005, p. 38. [Ficha de Begoña Torres González].

  • -El mar en la pintura española. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza, Valencia, Sala de Exposiciones del Edificio del Reloj, Puerto de Valencia, n. 10, p. 52, lám. p. 53. [Ficha de Begoña Torres González].

Informe del experto

En este cuadro, perteneciente a la última etapa del pintor, apreciamos un cambio de estilo y técnica que se había inaugurado tímidamente en sus obras a partir de 1901, en las que se advierte una mayor intensidad cromática, una riqueza matérica con empastes más gruesos, y una mayor libertad en el tratamiento de la luz, que no es ajena al reconocimiento obtenido por los seguidores de Sorolla en las exposiciones españolas.

Evolucionó por tanto el pintor abandonando los residuos del Romanticismo, pasando por una segunda etapa en el que todavía utilizaba tonos oscuros y grisáceos propios de la paleta de su maestro Carlos de Haes, hacia una visión más luminista, todavía matizada durante la última década del siglo en atmósferas grises para, a partir de 1904, buscar, cada vez más, la libre eclosión de la luz. Se distinguió como dotado y fecundo pintor del mar, siendo denominado por el afamado crítico Francisco Alcántara, como el marinista por excelencia del Cantábrico, con una concepción artística directa e intensa, que se oponía a la melancolía y sobriedad de los marinistas andaluces.

El cuadro está ambientado en la playa de la Franca, que está situada en el concejo de Ribadeneva en el Principado de Asturias. Es la playa más oriental de la provincia y posee una arena blanca cuyo origen es la cuarcita. Se trata de un arenal de unos 250 metros en marea baja y 500 en alta apreciándose en este último caso sus perfiles en forma de concha. Por la margen izquierda de la playa se produce la desembocadura del río Cabra, que esta canalizada mediante un espigón de piedra caliza que evita que la corriente del río divida la playa en dos, creando corrientes y remolinos peligrosos. En los días posteriores a las grandes lluvias, el agua del río tiñe de color a la del mar.

Realizado a base de grandes masas de color, el presente lienzo alcanza mayor intensidad cromática que en sus pinturas anteriores y un tratamiento de la luz cercano al sorollismo. La influencia y fascinación por Sorolla (que pintó en Asturias en 1902, 1903 Y 1904) se dejó sentir también en otros pintores de la región como Otermin o Zaragoza. Este realismo luminista queda, entorno a 1900, sobrepasado por las propuestas renovadoras afines al modernismo o a los post-impresionismos.

En muchas de sus obras, la deuda con Sorolla es evidente como se demuestra en los cuadros Biarritz o Playa de Hendaya o en sus ilustraciones para la revista Blanco y Negro, como la titulada Impresiones artísticas. La playa de Zarauz (n.” 1119, 20 de octubre de 1912).

Martínez Abades sabe reflejar la belleza armoniosa del litoral asturiano, en el que se combinan el verde de los campos, los azules del mar, los grises de los acantilados y el blanco y dorado de la playa. Las figuras de pequeñas dimensiones que discurren por los caminos, son aún recursos del paisajismo romántico, pero observamos un empeño en despojar al paisaje de su carga literaria, convirtiéndolo ante todo en un vehículo en el que ensayar relaciones cromáticas y formales.

En este paisaje Martínez Abades nos asombra con su capacidad y talento para el color, trabajando con un estilo más libre, dejando en segundo lugar los detalles topográficos a fin de recrear el ambiente de su tema. Será esta temática donde la presencia del agua y su influencia en la atmósfera es tan importante, la que hizo que su obra evolucionara hacia una síntesis, donde las formas emergen entre los cambios de color, no separadas de este, sino como resultado, concretando suavemente los perfiles.

Begoña Torres González