Paisaje con pastorcilla

Josep Masriera i Manovens

Masriera i Manovens, Josep

1841, Barcelona - 1912, Barcelona

Paisaje con pastorcilla, s/f

© Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Óleo sobre tabla

20,5 x 42,5 cm

CTB.1999.78

Historia de la obra

  • Castellana Subhastes, Barcelona, 25 de mayo de 1999. lote 20.

  • Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

2017

Un món ideal: De Van Gogh a Gauguin i Vasarely. Col.lecció Carmen Thyssen. Espai Carmen Thyssen, Sant Feliu de Guíxols. p. 86, 87, 153 y 181.

  • -Un món ideal: De Van Gogh a Gauguin i Vasarely. Col.lecció Carmen Thyssen. Espai Carmen Thyssen, Sant Feliu de Guíxols. p. 86, 87, 153 y 181 . [Ficha de Pilar Giró]. (Cat. Exp.)

Informe del experto

Masriera era firme defensor de la pintura naturalista, siguiendo los principios de su maestro Lluís Rigalt en referencia al plein air. En su obra no aparecen paisajes modificados por la mano del hombre, el romanticismo del paisaje es su presentación en estado puro.

En Paisaje con pastorcilla se conjuga la elección de un encuadramiento casi mágico, donde la naturaleza se presenta en su absoluta perfección armónica, con una atmósfera romántica expresada con una pincelada impresionista. Unos paisajes que se pueden identificar en ciertos aspectos con la escuela de Barbizon y los iluministas de Sitges, cercanos a un sentimiento poético y panteístico.

El crítico de arte Francesc Miquel i Badia consideraba que Josep Masriera fusionaba el realismo y la elegancia. En Paisaje con pastorcilla, el ambiente tranquilo y acogedor, lleno de lirismo invita a gozar de una naturaleza amable, hecha para abrazar al hombre. Este mensaje de espacio bucólico, hecho a medida para vivido en plenitud, posteriormente será idealizado por el novecentismo y evidentemente representado con otra estética, más alejada de este preciosismo modernista, pero sí destacando aquello que era genuinamente catalán.

La delicadeza con la que trata la luz, tanto en el espejo de agua, como en el chisporroteo de las hojas de los árboles, los guijarros, las flores, la hierba … hace que todo el cuadro palpite, como una primavera eterna. La pastorcilla apoyada en el árbol parece absorta, fusionada con el propio paisaje, meditativa, introspectiva. El visionado de esta obra hace entrar en comunión con la naturaleza.

Pilar Giró