Madre e hijo en un huerto

Cecilio Pla

Pla y Gallardo, Cecilio

Valencia, 1860 - Madrid, 1934

Madre e hijo en un huerto, s/f

© Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Firmado en ángulo inferior derecho : Jianna (?) Portugal. C. Pla
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Óleo sobre lienzo

50,5 x 43 cm

CTB.2015.34

Historia de la obra

  • Abalarte Subastas, Madrid, Subasta 7, Lote 1179, marzo de 2015.

  • Colección Carmen Thyssen-Bornemisza.

2017

Un món ideal: De Van Gogh a Gauguin i Vasarely. Col.lecció Carmen Thyssen. Espai Carmen Thyssen, Sant Feliu de Guíxols. p. 68, 69, 149 y 150.

  • -Un món ideal: De Van Gogh a Gauguin i Vasarely. Col.lecció Carmen Thyssen. Espai Carmen Thyssen, Sant Feliu de Guíxols, 2017. p. 68, 69, 149 y 150. [Ficha de Pilar Giró]. (Cat. Exp.)

Informe del experto

Pla produjo una obra muy plural. Dentro de esta gran variedad de registros destacan las obras que corresponden a la llamada pintura social, aquella de carácter anecdótico o de situaciones de la vida real, cotidiana, y que tanto éxito tuvieron en los certámenes oficiales alrededor del cambio de siglo. También cabe considerar muy especialmente el retrato o la descripción de las escenas de costumbres, en las que queda integrada su preocupación por el paisaje.

 Madre e bijo en un huerto es una obra en la que trata de manera sublime la delicadeza. El tema es perfecto para hablar de complicidades basadas en el amor más puro, y esta relación de pureza es la que el artista busca, no con el tema, sino con la manera cómo lo representa. La elección de la escenografía, un entorno puro, delicado, construido por el hombre, es decir: un entorno donde la naturaleza ha sido dulcemente domesticada para que su uso favorezca el bienestar y la placidez de una tarde calurosa.

Se trata de una vida sencilla, esencial como la misma pincelada que Pla traslada en la obra. Los rostros sin definir evocan al todo, a la necesidad de abandonar la anécdota. Es pintar el instante, el sentimiento, es un cuadro en el que la vida late, con calma.

La presentación de la escena, además, es de una enorme complicidad con el espectador, ya que el artista le ha descubierto ese lugar escondido detrás de la casa y le ha abierto la puerta para que lo pueda contemplar (pero no entrar), oír y sentir. En la retirada, esa paz pintada es lo que se querrá para la propia cotidianidad.

Pilar Giró