Le paon blanc, 1904

Hermen Anglada Camarasa

Anglada Camarasa, Hermen

Barcelona, 1871 - Puerto de Pollensa, 1959

Le paon blanc, 1904

© Hermenegildo Anglada Camarasa, VEGAP, Madrid, 2017

Firmado en el ángulo inferior derecho: ''Hermen Anglada-Camarasa / 1904''
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Óleo sobre tabla

78,5 x 99,5 cm

CTB.1996.49

Historia de la obra

2017 - 2018

Escenarios. De Monet a Estes. De Trouville a Nueva York. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza. Museu Carmen Thyssen Andorra,16 de marzo 2017-14 de enero 2018. p. 40-41.

  • -Escenarios. De Monet a Estes. De Trouville a Nueva York. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza. Museu Carmen Thyssen Andorra, 2017,  p. 40-41. (Cat. Exp.) [Ficha de Francesc Fontbona]

Informe del experto

Le Paon blanc es una de las obras más importantes de la primera etapa parisina de Hermen Anglada i Camarasa, la que se extiende entre 1894, momento en que el pintor tomó contacto con la capital de Francia, y 1904, año en que una estancia veraniega en Valencia introdujo un nuevo concepto y una nueva temática en su obra.

Cuando concibe Le Paon blanc —título con el que Anglada establece una metáfora en la que compara a la cortesana de vestido blanco que protagoniza el cuadro con un pavo real— el pintor ya está metido de lleno en su fulgurante carrera internacional. Ha expuesto en Barcelona, París, Berlín y Londres diversas veces, así como en Bruselas, Gante, Düsseldorf, Dresde y Viena; y cuando expone la tabla en Múnich y Venecia, es ya la segunda vez que muestra obras suyas en aquellas ciudades.

La pintura fue adquirida hacia 1908 por el doctor Pierre Delbet, de París, en cuya colección permaneció muchos años, por lo que no figuró en nuevas exposiciones hasta los años ochenta, época en la que pertenecía a un marchante de arte madrileño, de donde pasó a un grupo de marchantes catalanes alrededor de 1988.

Aquel Anglada de principios de siglo concebía ya su arte como un mero ejercicio de pintura pura, en la que el tema no era más que un pretexto para desarrollar su esplendoroso cromatismo. Ningún interés moral condicionaba su obra, pese a ciertos atisbos expresionistas, pero tampoco ninguna voluntad naturalista. Anglada participaba plenamente del concepto de pintura como «superficie plana cubierta de colores conjuntados en un cierto orden» que predicaba Maurice Denis, el pintor nabi, que pertenecía exactamente a la misma generación que Anglada, y que como él, así como el resto de sus compañeros de grupo, había pasado por las aulas de la Académie Julian.

Estilísticamente el Anglada que va del Jardín de París, de hacia 1900, hasta este Le Paon blanc, cuatro años posterior, representa una interpretación muy personal del Postimpresionismo más genuino triunfante entonces en los círculos más innovadores de Europa, que él gustaba de interpretar trabajando muy frecuentemente con luz artificial.

A lo largo de esos cuatro o cinco años Anglada pasó, sin cambiar de concepto pictórico, de una factura magmática y blanda al vibrante paroxismo cromático, apoyado en una sólida estructuración de las manchas, que conjugaba sabiamente los intensos blancos irisados con los tonos más oscuros de una paleta amplísima, beneficiaria del uso de unos pigmentos de la máxima calidad. La violencia agazapada tras el esteticismo de aquel Anglada, y la riqueza exuberante de su color llevaron a un crítico tan agudo como Élie Faure a calificar al artista catalán de «fuera de serie».

Con todo, pese al escaso interés testimonial demostrado por Anglada, sus obras de esa etapa son, entre otras muchas cosas, vistas desde la perspectiva de hoy, fascinantes imágenes del París nocturno de una época mítica que el pintor vivió plenamente y con fuerte protagonismo, y en cuyos ambientes artísticos reinó con enorme autoridad hasta que la Primera Guerra Mundial ahuyentó al artista y derrumbó su mundo, llegando a hacer olvidar durante muchos años el alto grado de consideración que había gozado.

Francesc Fontbona