Interior al aire libre, 1892

Ramón Casas i Carbó

Casas i Carbó, Ramón

Barcelona, 1866 - Barcelona, 1932

Interior al aire libre, 1892

© Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Firmado en el ángulo inferior derecho: ''R. Casas 92''.
Inscripción de inventario en el ángulo inferior derecho: "42560".
Inscripción al dorso, en el bastidor: "975".
Etiqueta al dorso, a pluma, pegada sobre el bastidor: "Pertenece a la galería de los Sres. de Nieto"
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Óleo sobre lienzo

161 x 121 cm

CTB.1997.39

Historia de la obra

2017 - 2018

Escenarios. De Monet a Estes. De Trouville a Nueva York. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza. Museu Carmen Thyssen Andorra,16 de marzo 2017-14 de enero 2018. p. 36-37.

  • -Escenarios. De Monet a Estes. De Trouville a Nueva York. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza. Museu Carmen Thyssen Andorra, 2017, p. 36-37. (Cat. exp.) [Ficha de José Luis Díez]

Informe del experto

Conocido también con los títulos de La tarde y La terraza, este bellísimo lienzo es, sin duda, uno de los mejores ejemplos del interés que Ramon Casas tuvo por los espacios arquitectónicos de patios e interiores bañados con luz natural, influido decisivamente por su íntimo amigo Santiago Rusiñol (1861-1931), maestro indiscutible de este particular género en la pintura catalana de su tiempo.

Enviado por el artista a la Exposición Internacional de Bellas Artes celebrada en Madrid en 1892 junto con el cuadro Revolviendo libros y el retrato de Erik Sati, obtuvo por él una tercera medalla, presentándolo asimismo al año siguiente en el Salon de París. Su título original dado entonces por el pintor resulta, a pesar de su aparente contradicción, verdaderamente esclarecedor de las intenciones plásticas del autor.

En efecto, el lienzo representa a la hermana mayor del artista, Montserrat Casas, y a su esposo, Eduardo Nieto Algora, sentados en la terraza de su casa de la calle Nou de Sant Francesc en torno a un velador, tomando café, probablemente como sobremesa tras la comida. La estancia está inundada por la primera luz de la tarde, tamizada por las persianas echadas a modo de toldo.

Perteneciente al mejor período del artista, pintado ya en la plena madurez de su estilo formado en París, Casas demuestra, sin pretenderlo, su personalísima interpretación de un tipo de Impresionismo atento al rigor descriptivo del dibujo, combinado con los efectos puramente pictóricos de la luz en interiores, que evocan de cerca la obra de artistas como Degas o Whistler, como ya señaló la crítica de su tiempo. En efecto, junto a la descripción atenta y detenida de todos los elementos de arquitectura y mobiliario que forman parte de la terraza —algunos tan exquisitamente resueltos como la jaula del pajarillo o el ramo de flores en el jarrón de cristal—, Casas demuestra ante todo su absoluta maestría en el manejo de la luz que baña la estancia, en un suavísimo tránsito desde la penumbra que proyecta la persiana sobre el primer plano hasta la luminosidad de la pared del fondo, envolviendo la escena en una atmósfera plácida e íntima, que transmite a quien lo contempla una sensación de calma absoluta, provocando a la vez en el espectador la impresión de irrumpir en la privacidad doméstica del matrimonio, ensimismado en el relajo de su descanso, en una composición sencilla y diáfana ajena a cualquier artificio.

Como en toda la pintura de Casas, no es difícil adivinar también en este caso su fundamental formación como dibujante, utilizando la punta del pincel como si de un lápiz se tratara a la hora de perfilar las molduras arquitectónicas o captar los reflejos de los pliegues del vestido de su hermana, a base de trazos largos y quebrados, que demuestran por otra parte su especial sensibilidad para captar los más leves matices de la luz sobre figuras y objetos.

No es la única ocasión que una sugerente estancia de la casa familiar fue reflejada por los pinceles de Casas, que la pintó en otros lienzos como los titulados En la terraza o Mi hermana en la terraza de la casa de Nou de Sant Francesc, siempre con las mismas pretensiones y teniendo como protagonista a Montserrat, a quien utilizó como modelo de figura en varias ocasiones, pintándole además espléndidos retratos en distintas etapas de su vida.

José Luis Díez