El mercado de Ibiza, c. 1912

Laureà Barrau i Buñol

Barrau i Buñol, Laureà

1864, Barcelona - 1957, Ibiza

El mercado de Ibiza o El mercado antiguo, c. 1912

© Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Firmado en el ángulo inferior izquierdo: "L. Barnau"
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Óleo sobre lienzo

71 x 60 cm

CTB.1996.83

Historia de la obra

  • Fernando Durán Subastas de Arte, Madrid, 20 de marzo de 1996. lote 307.

  • Colección Carmen Thyssen-Bornemisza.

1997 - 1998

El paisatgisme català del naturalisme al noucentisme en la Col·lecció Carmen Thyssen-Bornemisza, Andorra, Sala d'Exposicions del Govern d'Andorra, n. 1, p. 38, lám. p. 39.

  • -El paisatgisme català; del naturalisme al noucentisme en la Col.lecció Carmen Thyssen-Bornemisza. Llorens Serra, Tomás (ed.). [Cat. exp. Andorra, Sala d’Exposicions del Govern d’Andorra, 1997-1998]. Andorra, Ministeri de Cultura, 1997, n. 1, p. 38. [Ficha de Joana M. Palou].

Informe del experto

Es obra de la primera estancia de Barrau en Ibiza, donde llegó en otoño de 1912. Forma parte de una serie de piezas, se diría que concebidas y planteadas el mismo día que representan casi instantáneas, escenas similares, con distintos encuadres, del Mercado viejo de Vila: tipos vestidos con la indumentaria tradicional pitiusa, tan atractiva y tan retratada por Barrau  a lo largo de los años, animales, cuevas con frutas y verduras … .., enmarcados por las columnas y los árboles de la plaza.

En primer plano, una chica campesina sobre el asno; al fondo, grupos de personajes, protegidos del sol bajo una vela; las grandes columnas definen el espacio, sirven de base  y confieren un cierto tono épico a la escena cotidiana, popular.

El cuadro tiene la frescura del boceto y parece una de las obras que Barrau iniciaba del natural y luego terminaba en el estudio, o servía de primer planteamiento, acompañado de apuntes directos, para obras mucho más construidas, más acabadas, dentro de la técnica ortodoxa que siempre apoyó a sus piezas. Ahí construía  las formas a base de pinceladas largas y espesas, que van modelando cada elemento con cierta parsimonia; después da luz y color,  con un trazo, corto, mas gestual, efectista, con el que la composición académica cobra soltura y vivacidad. La figura humana, presente casi sin excepciones en  la obra de Barrau, deviene medida y contrapunto, referencia imprescindible del paisaje, en este caso urbano, el cual se convierte tan sólo en escenario.

Corresponde a la etapa más sólida y también atractiva y fructífera de la obra de Barrau, durante el primer cuarto de siglo, se instala en Caldetes, pero con estancias frecuentes en Tossa y, a partir 1912, también en Ibiza. Es  la época de plena madurez del pintor: realismo luminoso, mediterráneo, de clara raíz sorollesca, con captación de tipos populares y instantáneas cotidianas de cierto tipismo, sin perder nunca el sentido de la medida ni la serenidad, composiciones justas y precisas, académicas ; época en la que intenta la más ambiciosa proyección internacional, con exposiciones en América, donde presenta, entre otras, algunas de las obras producidas en Ibiza, como un Mercado de Ibiza que bien podría ser este o algún otro de la serie, de tres obras conocidas.

Como queda patente con esta pieza, Barrau no fue nunca un artista espontáneo, fácil o seguro; al contrario, su obra es el resultado de una clara y decidida vocación y voluntad de ser pintor, esforzado, gran trabajador, sensible, siempre excelente.

Joanna M. Palou