Dos puentes en Nueva York

Lowell Nesbitt

Dos puentes en Nueva York

Nesbitt, Lowell

American, 1933

Dos puentes en Nueva York, 1975

© Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Colección Carmen Thyssen-Bornemisza en préstamo en el Museo Thyssen-Bornemisza.

Óleo sobre lienzo

114,3 x 127 cm

CTB.1975.25

Historia de la obra

2015

Barcelona, París, New York, D´Urgell a O´Keeffe. Col.lecció Carmen Thyssen. Espai Carmen Thyssen, Sant Feliu de Guixols, 2015.

  • Barcelona, París, New York, D´Urgell a O´Keeffe. Col.lecció Carmen Thyssen. Espai Carmen Thyssen, Sant Feliu de Guixols, 2015, pp. 138. (Ficha Juan Ángel López Manzanares).

Informe del experto

Dos puentes de Nueva York, representa una vista de Brooklyn al atardecer tomada desde Manhattan. A la derecha puede verse el puente de Manhattan (1909) ya la derecha el de Brooklyn (1883). Entre ambos -siempre de derecha a izquierda- se percibe la silueta del Clocktower Building (1914), del Sweeney Building (1908) y de las Cadman Towers (1967-1968).

Originario de Baltimore, Lowell Nesbitt fijo su residencia en Nueva York en 1963. Al poco tiempo de su llegada a la ciudad de los rascacielos, comenzó a pintar fachadas de edificios históricos de la calle Broadway tomadas a partir de fotografías de Lilo Raymond. Años más tarde, recordaría: «El tema de lo: óleos de “fachadas” era casi una repetición musical de ventanas, puertas y columnas, similar -al menos para mi- a la repetición de las costillas en las cajas torácicas de muchas de mis obras de ‘rayos-X’ que comencé en 1963, y que constituyeron el fin de mis obras abstracta previas y el punto de partida hacia un realismo fotográfico».

Tanto en sus cuadros de fachadas como en los dedicados a partir de 1971 a los puentes de Nueva York, Nesbitt despliega una acusada frontalidad y énfasis en la repetición rítmica de elementos. Sus motivos, aunque tomados de la realidad, parecen no tener existencia fuera de los límites del cuadro. Ese carácter abstracto se acentúa por el hecho de trabajar en series. En Dos puentes de Nueva York, en concreto, Nesbitt recurre a una calculada composición basada en la sección áurea y a meditados contrastes de los complementarios azul-naranja. En ese sentido, cabe recordar que el propio artista se declaró más cercano al preciosismo americano de pintores como Charles Sheeler Charles Demuth, que al fotorrealismo. Algunos críticos también han vinculado su obra con la hard-edge painting de los años sesenta.

Ahora bien, pese a su aparente frialdad, las obras de Nesbitt no carecen de un destacado componente romántico y autobiográfico. Así se aprecia en sus series dedicadas a flores, a su estudio, a su perro Echo o a sus ropas de trabajo que, dispuestas al azar sobre el suelo de su estudio, le recordarían al artista su propia mortalidad. Algo similar sucede también en sus obras que representan ordenadores IBM, acerca de las cuales el artista expresó su deseo de «humanizar» uno de los símbolos más impersonales del mundo moderno. En el caso del cuadro que nos ocupa, Nesbitt nos ofrece asimismo algo más que una vista impersonal de Nueva York, tomada a partir de una fotografía. Bajo ella subyace la vivencia de una zona de Manhattan que el artista gustaba recorrer andando o en bicicleta. El propio Nesbitt señalaría: “Estoy seducido por las ciudades con grandes ríos. Nueva York tiene dos grandes ríos que yo recorro en bicicleta bajo las arcadas de los puentes; el dinamismo del puente opuesto a la sutileza del agua y del skyline de Nueva York y Nueva Jersey, continúan intrigándome”.

Juan Ángel López-Manzanares