Costa vasca al atardecer, c. 1949

Valentín de Zubiaurre

Zubiaurre, Valentín de

Madrid, 1879 - Madrid, 1967

Costa vasca al atardecer, c. 1949

© Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Firmado con color ocre en el ángulo inferior derecho: "VALENTIN DE ZUBIAURRE"
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza en préstamo gratuito en el Museo Carmen Thyssen Málaga.

Óleo sobre lienzo

34 x 44 cm

CTB.1996.167

Historia de la obra

  • Salón Cano (?), Madrid.

  • Galería Altamira, Madrid.

  • Fernando Durán. Subastas de Arte, lote 280, Madrid, 29 de marzo de 1996.

  • Colección Carmen Thyssen-Bornemisza.

2005

El mar en la pintura espanyola. Col•lecció Carmen Thyssen-Bornemisza, Andorra, Sala d'Exposicions del Govern d'Andorra, p. 70, lám. p. 71.

2005

El mar en la pintura española. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza, Valencia, Sala de Exposiciones del Edificio del Reloj, Puerto de Valencia, n. 29, p. 96, lám. p. 97.

  • -El mar en la pintura espanyola. Col·lecció Carmen Thyssen-Bornemisza. Llorens Serra, Tomàs (ed.). [Cat. exp. Andorra, Sala d’Exposicions del Govern]. Andorra, Govern d’Andorra, 2005, p. 70. [Ficha de Ángel Llorente Hernández].

  • -Museo Carmen Thyssen Málaga. Colección. Catálogo razonado, Fundación Palacio de Villalón, Málaga, 2014. Pág. 464-465 (Ficha de Ángel Llorente Hernández).

Informe del experto

Aunque Valentín de Zubiaurre fue predominantemente un pintor de figuras y retratista, también pintó paisajes y algunas naturalezas muertas. Este cuadro representa una parte de la recortada costa vasca (tal vez junto a la desembocadura de la ría de Guernica, vista desde cerca de Mundaca, una localidad relativamente cercana a Garay, donde su familia poseía un caserío, y lugar de nacimiento de su hermano Ramón) en la penumbra del atardecer, si bien por la posición del sol sería un amanecer.

La línea del horizonte, muy alta, acentúa el punto de vista elevado de la composición, en la que el reflejo del sol que se oculta tras la última porción de costa, sirve de eje vertical. Las velas de las tres lanchas que se acercan a tierra y destacan sobre el mar se compensan con los dos grupos de pinos que se recortan sobre el monte más cercano al espectador. Como en otros cuadros del artista, la gama cromática dominante es fría. La ligereza de la capa pictórica permite apreciar la trama de la tela y parte de la imprimación clara sobre la que se aplicaron los colores, muy mezclados, con pinceles finos. Las pequeñas pinceladas y toques horizontales, curvos y empastados de los reflejos, en los que predominan los ocres amarillentos, contrastan con las pinceladas continuas, verticales y diagonales, muy diluidas de los montes y los acantilados, en los que se funden los verdes, grises y azules, con la presencia leve de algunos rojos. En la parte alta, la recta gris azulada del horizonte rompe la continuidad cromática del mar y el cielo. Siguiendo la moda vigente en buena parte del arte europeo del momento, la pintura no está barnizada.

Valentín de Zubiaurre pintó varias versiones de este mismo paisaje, prácticamente del mismo tamaño, por lo que antes que del realismo de esta pintura debemos hablar de su carácter arquetípico. En dos de ellas (ambas en colecciones particulares) mantuvo con ligeras variaciones los pinos de la derecha, pero elevó la altura de los montes de ese lado y modificó el disco solar. En la titulada Acantilados, el sol está más oculto y en la otra ya no aparece, pero se mantiene parte de los reflejos. En otras vistas de la costa, como en la titulada Marina (también en colección particular), más pequeña, las diferencias son mayores, pero el paisaje es, esencialmente, el mismo. El artista empleó también un paisaje parecido como fondo para algunos de sus cuadros de grandes composiciones. Así lo hizo entre otros en La merienda (San Sebastián, Museo de San Telmo).

No es fácil datar esta obra ya que Valentín de Zubiaurre no fechó la mayoría de sus pinturas, entre las que se incluyen las similares mencionadas, y por que apenas cambió su estilo, una vez asentado hacia 1918, pues fue un pintor que evolucionó muy lentamente. Ahora bien, el hecho de que el tratamiento de esta pintura sea el mismo que el de otra similar, fechada en 1950, de la costa en los alrededores de Lequeitio (colección particular), si bien algo más grande, nos lleva a pensar que data de finales de la década de los cuarenta o comienzos de la siguiente. Por otra parte, debemos descartar que se trate de una obra de los primeros treinta años del siglo, pues carece del interés por la precisión del marcado dibujo de aquellos momentos.

Ángel Llorente Hernández