Casa, jardín y niña en la puerta, c. 1913

Antoni Ferrater i Feliu

Ferrater i Feliu, Antoni

1868, Barcelona - 1942, Barcelona

Casa, jardín y niña en la puerta, c. 1913

© Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Firmado en el ángulo inferior derecho: ''Ferrater''
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Óleo sobre lienzo

48 x 65 cm

CTB.1995.82

Historia de la obra

  • Maragall Subastas de Arte, Barcelona, 6 de julio de 1995. lote 115.

  • Colección Carmen Thyssen-Bornemisza.

1997 - 1998

El paisatgisme català del naturalisme al noucentisme en la Col·lecció Carmen Thyssen-Bornemisza, Andorra, Sala d'Exposicions del Govern d'Andorra, n. 6, p. 48, lám. p. 49.

2003

El paisatge en la pintura catalana del canvi de segle (1870-1935). Col·lecció Carmen Thyssen-Bornemisza, Manresa (Barcelona), Sala d'Exposicions del Centre Cultural el Casino, n. 14, pp. 50-52, lám. p. 51, detalle p. 53.

2004

Pintura catalana del Naturalismo al Noucentisme. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza, Madrid, Museo Thyssen-Bornemisza, n. 44, p. 132, lám.

2006

Meifrèn y el paisaje catalán en la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza, Los Arcos (Navarra), Casa de Cultura Carmen Thyssen-Bornemisza; Castejón (Navarra), Museo de Castejón, p. 34, lám. p. 35.

2007

Pintura Catalana del Naturalismo al Noucentisme. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza, Oviedo, Sala de Exposiciones Banco Herrero, n. 44, p. 132, lám. p. 133.

2012 - 2013

Rusiñol, Monet, Gauguin, Sunyer. El paisaje en la Colección Carmen Thyssen, Gerona, CaixaForum; Tarragona, CaixaForum; Lérida, CaixaForum, n. 23, pp. 94 y 96, lám. p. 95, det. p. 97.

2013 - 2014

Courbet, Van Gogh, Monet, Léger. Del paisaje naturalista a las vanguardias en la Colección Carmen Thyssen, Málaga, Museo Carmen Thyssen Málaga, n. 20, pp. 92 y 94, lám. p. 93, det. p. 95.

2015

Barcelona, París, New York. D'Urgell a O'Keeffe. Col·lecció Carmen Thyssen, Sant Feliu de Guíxols, Espai Carmen Thyssen, p. 102, lám. p. 103.

  • -El paisatgisme català del naturalisme al noucentisme en la Col·lecció Carmen Thyssen-Bornemisza. Llorens Serra, Tomàs (ed.). [Cat. exp. Andorra, Sala d’Exposicions del Govern d’Andorra, 1997-1998]. Andorra, Ministeri de Cultura, 1997, n. 6, p. 48. [Ficha de Isabel Coll Mirabent].

  • -Rusiñol, Monet, Gauguin, Sunyer. El paisaje en la Colección Carmen Thyssen. (Juan Ángel López-Manzanares, ed.). [Cat. exp. Caixaforum, Gerona; Caixaforum, Tarragona; y Caixaforum, Lérida, 2012-2013]. Barcelona, Fundación “la Caixa”, 2012, n. 23, pp. 94, 96, lám. p. 95, det. p. 97 [Ficha de Isabel Coll Mirabent].

  • -Barcelona – Paris – New York. D’Urgell a O’Keeffe. Col·lecció Carmen Thyssen. Giro, Pilar (ed.). [Cat. exp.]. Sant Feliu de Guíxols, Espai Carmen Thyssen, 2015, p. 102, lám. p. 103 [Ficha de Pilar Giró].

Informe del experto

Esta obra que presentamos es un compendio de las principales características de su autor, que cultiva un estilo distinguido, utilizando medias tintas y transparencias y expresándose con una gran riqueza de matices y sutilezas.

Los jardines de Ferrater no son rústicos sino refinados, particularidad que queda patente en la obra que comentamos, cuyo protagonista es el jardín de la casa familiar del pintor, edificio que en la actualidad ya no existe y que estuvo situado en la esquina de la Travesera de Gràcia con la calle Aribau de Barcelona. A diferencia de Rusiñol, cuyos planteamientos tantas veces sigue, a Antoni Ferrater le gusta incluir personajes en muchas de sus escenas, pues se apoya en estas figuras para transmitir la imagen de una vida apacible y feliz. Esta idea se pone de manifiesto en cada uno de los detalles que conforman la presente obra, detalles que, si bien a primera vista pueden parecer anecdóticos, resultan muy útiles para expresar la intención del autor.

La composición de la obra presenta dos partes diferenciadas, cada una con su propia problemática. Una primera parte corresponde a la fachada, que no es un mero fondo compositivo sino que, por el contrario, sirve para plantear un buen conjunto de problemas pictóricos. Para corroborar esta idea, baste observar el sutil tratamiento de los cristales de los balcones y ventanas que, al funcionar como espejos, nos informan de que ante este elemento arquitectónico se alzan otros árboles que se reflejan en el balcón del centro, y que frente a él se abre el cielo azul, tal como lo confirma el azul —pensado y pintado con una sensibilidad nada fácil de encontrar— de la ventana del lado izquierdo de la casa, que refleja la luz del cielo.

Los árboles y la fachada cierran la composición, con la intención de que se pueda marcar fácilmente el contrastado reparto de luz y sombra. Ferrater adopta una perspectiva tradicional, situándose él mismo en el centro de un eje que le permite crear una ilusión espacial al tiempo que equilibra la escena. La progresión hacia la profundidad del campo pictórico se ve facilitada por la combinación de franjas verdes y ocres, de claros y sombras. En el centro de la composición aparece una niña vista de perfil, sentada en unos escalones, ataviada con un vestido blanco. Se trata de una figura menuda que le sirve al pintor para subrayar la fuerza de la naturaleza.

En esta composición, Ferrater sigue la fórmula que solía utilizar para conseguir juegos de equivalencias líricas, unos tonos ajustados para que ningún color desentone con otro. En el cuadro, las tonalidades encuentran su eco y su correspondencia: el blanco del vestido en la decoración y la ornamentación de ventanas y balcones; la flor roja que contempla la niña en las otras flores del mismo color que se ven en el balcón principal de la casa; y el azul de los maceteros en los cristales de la ventana lateral. Estos últimos objetos ornamentales, con grandes motivos azules, contribuyen al carácter decorativo de la obra, al tiempo que nos recuerdan los que utilizó Claude Monet en varias de sus composiciones pictóricas de Argenteuil. Ejemplo de ello podría ser el cuadro La casa del artista (1872-1873), del Art Institute of Chicago.

El pintor no olvida trabajar con los efectos que produce la proximidad de colores complementarios, que hace que los rojos estallen en medio de unos verdes muy luminosos, igual que disfruta plasmando los efectos del sol que se filtra entre las hojas o cae sobre la fachada y el suelo. Desde el punto de vista técnico y temático, Ferrater coincide con Rusiñol, tanto en su interés por captar la luz que incide en espacios vacíos o en elementos arquitectónicos, como en la manera de destacar los magníficos juegos de la luz que se mueve por entre la diversidad de los verdes de los árboles.

En lo que se refiere a la técnica, las delicadas gradaciones de verdes que se observan en primer término están conseguidas a base de pinceladas cortas, mientras que, para solucionar la fachada, el artista utiliza a una pincelada larga, recurso que también le sirve para representar la intensidad de la luz que se refleja en el suelo.

Todas estas características nos revelan que se trata de una obra muy meditada, aunque a simple vista pueda parecer espontánea.

El análisis de la misma nos lleva a la conclusión de que Ferrater fue un pintor intimista que supo expresarse con una gran riqueza de matices cromáticos y lumínicos, aplicados a temas sencillos, de los que sabe extraer los máximos efectos. Como queda patente a través de esta obra, Ferrater pintaba para resolver dos aspectos: la verdad de la luz y el color aplicados a una temática de apariencia plácida. Con estas pautas, el artista consiguió crear una obra dotada de una distinción natural, amable y reposada, que le valió un notable reconocimiento.

Isabel Coll Mirabent