Bulerías, c. 1930

Joan Cardona i Lladós

Cardona i Lladós, Joan

1877, Barcelona - 1957, Barcelona

Bulerías, c. 1930

© Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Firmado en el ángulo inferior derecho: "Cardona"
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Óleo sobre lienzo

125 x 99,5 cm

CTB.2015.152

Historia de la obra

  • Balclis Subastas, Barcelona, Lote 1134, 8 de julio de 2015.

  • Colección Carmen Thyssen-Bornemisza.

2017

Un món ideal: De Van Gogh a Gauguin i Vasarely. Col.lecció Carmen Thyssen. Espai Carmen Thyssen, Sant Feliu de Guíxols. p. 84, 85, 153 y 178.

  • -Un món ideal: De Van Gogh a Gauguin i Vasarely. Col.lecció Carmen Thyssen. Espai Carmen Thyssen, Sant Feliu de Guíxols. p. 84, 85, 153 y 178. [Ficha de Pilar Giró]. (Cat. Exp.)

Informe del experto

En Barcelona, Joan Cardona pronto se distingue como ilustrador y dibujante, con un estilo elegante, cercano a Ramón Casas, Al trasladarse a París, su éxito es inmediato. El color, el movimiento y la frescura de la aguada llenan sus trabajos y consiguen plasmar en su obra la alegre vida parisina.

A partir de 1900-1910, el arte de Cardona se sitúa cerca del refinamiento simbolista y decadentista del modernismo representado por Anglada Camarasa. Algunas de las temáticas en las que se inspira también son afines: la vida ociosa de los cabarets y la pintura regionalista de manolas y toreros.

En la manera como Joan Cardona decide representar a la “bailaora” protagonista del cuadro Buleas se muestra esta clara influencia estética y temática inspirada por el pintor Anglada Camarasa.

Consigue llenar de movimiento y color la obra Bulerías. Su dominio del trazo y del dibujo hace que aquí el protagonista sea el gesto hecho pintura y trasmitir así el ritmo rápido y redoblado de esta rama del flamenco bulliciosa, festiva y alegre.

En esta obra el regionalismo aparece como una excusa para poder pintar el instante y eternizar la música y la danza que desaparecen al surgir. La mirada introspectiva de la bailaora emite todo el sentimiento trasladado en el baile. La finura del gesto de los brazos, el posicionamiento de las manos y el cuerpo que se intuye entre los volantes del vestido y los flecos del mantón plasman la sensualidad y la fuerza, que también se muestran visibles a través del estallido de color.

El contraste, tanto de proporciones como de color, entre la figura protagonista y los músicos que se intuyen al fondo, permiten interpretar esta obra como una alegoría a la primavera; al instante jubiloso donde regresa la luz y renace el estallido de vida.

Pilar Giró