Atardecer

Modest Urgell i Inglada

Urgell i Inglada, Modest

1839, Barcelona - 1919, Barcelona

Atardecer, s/f

© Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Firmado en el ángulo inferior derecho: "Urgell"
Colección Carmen Thyssen-Bornemisza

Óleo sobre lienzo

56 x 118 cm

CTB.2002.29

Historia de la obra

  • Finarte Subastas, Madrid, lote 86, 21 de noviembre de 2002.

  • Colección Carmen Thyssen-Bornemisza.

2004

Pintura catalá do Naturalismo ao Noucentisme. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza, Santiago de Compostela, Fundación Caixa Galicia, n. 7, p. 48.

2004

Pintura catalana del Naturalismo al Noucentisme. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza, Madrid, Museo Thyssen-Bornemisza, n. 6, p. 42, lám.

2010

Del Naturalismo al Noucentisme en la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza, Los Arcos (Navarra), Casa de Cultura Carmen Thyssen-Bornemisza; Tudela (Navarra), Catel Ruiz, n. 15, p. 50, lám. p. 51.

2012 - 2013

Rusiñol, Monet, Gauguin, Sunyer. El paisaje en la Colección Carmen Thyssen, Gerona, CaixaForum; Tarragona, CaixaForum; Lérida, CaixaForum, n. 11, p. 68, lám. p. 69.

2013 - 2014

Courbet, Van Gogh, Monet, Léger. Del paisaje naturalista a las vanguardias en la Colección Carmen Thyssen, Málaga, Museo Carmen Thyssen Málaga, n. 11, p. 72, lám. p. 73.

2014

L'ideal en el paisatge. De Meifrèn a Matisse i Gontxarova. Col•lecció Carmen Thyssen, Sant Feliu de Guíxols, Espai Carmen Thyssen, p. 30, lám. p. 31.

  • -Pintura Catalana del Naturalismo al Noucentisme. Colección Carmen Thyssen-Bornemisza. Llorens Serra, Tomàs (ed.). [Cat. exp. Museo Thyssen-Bornemisza]. Madrid, Fundación Colección Thyssen-Bornemisza, 2004, n. 6, p. 42. [Ficha de Jordi À. Carbonell i Pallarès].

  • -Rusiñol, Monet, Gauguin, Sunyer. El paisaje en la Colección Carmen Thyssen, Gerona, CaixaForum; Tarragona, CaixaForum; Lérida, CaixaForum, 2012, n. 11, p. 68, lám. p. 69. (Cat. Exp.).

  • Courbet, Van Gogh, Monet, Léger. Del paisaje naturalista a las vanguardias en la Colección Carmen Thyssen, Málaga, Museo Carmen Thyssen Málaga, 2013, n. 11, p. 72, lám. p. 73. (Cat. Exp.)

  • L’ideal en el paisatge. De Meifrèn a Matisse i Gontxarova. Col·lecció Carmen Thyssen, Sant Feliu de Guíxols, Espai Carmen Thyssen, 2014, p. 30, lám. p. 31. (Cat. Exp.)

Informe del experto

Modest Urgell se autocalificó en numerosas ocasiones como un pintor romántico. Sus obras están ejecutadas con un lenguaje realista inspirado en el estudio del natural, que sigue el método del que fue su primer maestro, Ramon Martí i Alsina. Pese a ello, escoge para sus óleos los aspectos que le resultan más sugerentes, así como los momentos más ensoñadores de la realidad. Se puede afirmar que la pintura de Urgell, junto con la de su amigo Joaquim Vayreda, constituye la supe- ración del realismo martialsiniano en beneficio de la expresión del aspecto emocional del paisaje, que se consigue mediante el tratamiento de la luz y el color, y con la elección del tema. Algún estudioso ha comparado dicha transformación del realismo con la que llevó a cabo el italiano Antonio Fontanesi, que metamorfoseó el lirismo barbizoniano en ensoñación y melancolía románticas. En este sentido, Vayreda representaría con sentimiento bucólico el medio rural, con un carácter luminoso y alegre, mientras que Urgell evidenciaría la vertiente nocturna, melancólica y desolada de ese mundo campesino.

El crepúsculo, la tristeza, la soledad y el abandono constituyen las constantes poéticas de la mayoría de sus creaciones. El atardecer fue el icono omnipresente de su pintura, ya veces incluso el auténtico protagonista de su obra, como en el caso del paisaje que nos ocupa. El pintor titulaba estos cuadros a partir del sentimiento que su contemplación producía: Soledad, Quietud, Tristeza, etc.

La otra constante de sus composiciones fue la persistente horizontalidad de sus escenarios. De este modo, él mismo afirmaría: «Semejan misteriosas manos que nos llaman a otros mundos, podrán amedrentarnos, imponernos, entristecernos, todo, menos causar fastidio» (1).

El ejemplo que comentamos se inscribe plenamente en esta poética pictórica que pretende transmitir al espectador un sentimiento melancólico, espiritual y casi onírico. Presenta un escenario natural marcado por el amplio horizonte sobre el que cae el sol entre la atmósfera brumosa. Ésta, a su vez, desdibuja su perfil y matiza el color de su luz. En el cuadro no hay anécdota argumental, ni asunto. Los principales protagonistas son el astro rey y el llano, deshabitado y vacío. La triste soledad que produce esta visión crepuscular es el verdadero motivo de la pintura.

Jordi Á. Carbonell i Pallarès

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(1) M. Urgell, El murciélago, Barcelona,1913, p. 64